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Penny Dreadfuls, 1875 · page 309 of 400

Varney El Vampiro — page 309: what you’re looking at

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Varney El Vampiro — page 309: Penny Dreadfuls, 1875

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inclinaciOn a aceptar un encuentro en la forma sancionada, mala como es, por las costumbres sociales— estaban claramente establecidos. Pero si su motivo habia sido cobardia o clemencia, aun estaba por verse. Podia temer recibir una herida mortal que pusiera fin a esa existencia preternatural que decia detestar, y que, con todo, parecia esforzarse por prolongar. O bien podia albergar la conciencia de alguna invulnerabilidad propia, o de algun gran poder para herir a su oponente, y por ello haberse resistido tanto a concretar el duelo, interponiendo tantas dificultades a los arreglos habituales en tales casos. Ahora, sin embargo, parecia no haber camino de escape. Sir Francis Varney debia pelear o huir, pues estaba rodeado de demasiados adversarios. Cierto es que podria haber apelado a las autoridades para protegerlo y justificar su negativa a cometer lo que, sin duda, es una falta legal; pero entonces no cabria duda de que todos los hechos saldrian a la luz publica, y el resultado seria la adquisiciOn de una reputacion tan indeseable como universal. Habia sucedido que la situaci6n particular de la familia Bannerworth habia reducido al minimo sus relaciones sociales, y los habia vuelto reacios a exhibirse como blanco de la curiosidad. Antafo orgullosos terratenientes, preferian ahora vivir apartados, con una reserva sombria, antes que permitir que los demas fuesen testigos de su decadencia. Y puesto que su miseria era atribuible no a una desgracia noble ni a un mandato inevitable del destino, sino a las faltas y crimenes de algunos de los suyos, la carga era aun mas amarga. Durante el curso de esta narraciOn, la accion ha permanecido en torno a la Casa Bannerworth, sus prados vecinos y la residencia de Sir Francis Varney. El unico hombre exterior a ese circulo que conocia algo del asunto y se interesaba realmente por él era el senor Chillingworth, el cirujano, poco inclinado por habito y caracter a convertir en chismes los problemas de una familia. Pero un cambio se avecinaba —un cambio de caracter sorprendente y alarmante para Varney—. Un cambio que quiza esperaba, pero para el cual no estaba del todo preparado. Su periodo de relativa calma estaba por terminar, y se volveria alarmantemente popular. No nos adelantemos, sin embargo, y volvamos al desarrollo del encuentro. Parecia que, una vez aceptados definitivamente los términos del duelo, Varney no rehuy6 en lo mas minimo Ilevarlos a cabo, ni intento retrasar disposiciOn alguna que pudiera ser fatal para él. La manana era una de esas tantas nubladas de nuestro clima voluble, en las que incluso el mejor observador atmosférico seria incapaz de predecir qué sucederia en la hora siguiente. Habia sobre todas las cosas una penumbra uniforme; sin luces brillantes, tampoco habia sombras profundas, y el paisaje parecia despojado de buena parte de su habitual hermosura. Asi estaban las cosas cuando Marchdale acompano a Henry y al almirante Bell desde la Casa Bannerworth, cruzando el jardin en direccion al bosquecillo elevado, cerca del cual se hallaba el lugar destinado al encuentro. Jack Pringle seguia a paso lento detras, con las manos en los bolsillos, y la expresi6n de quien camina por simple ocio matinal, sin saber bien si observa o no lo que ocurre a su alrededor. La curiosa contorsi0n en la que retorcia su rostro, y los distintos bultos extrafios que se le formaban de vez en cuando, podia explicarse por un trozo de tabaco de tamanio inusual que parecia masticar con un deleite que resultaria horroroso para quien no estuviera acostumbrado a semejante y barbara aficion. CONniluCEOOOlKS.€O _~