Penny Dreadfuls, 1875 · page 287 of 400
Varney El Vampiro — page 287: what you’re looking at
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CAPITULO XXXVI LA CONSULTA. EL DUELO Y SUS RESULTADOS. Independientemente de la entrevista que Flora habia tenido con el tan temido Sir Francis Varney, las circunstancias en las que ella y todos aquellos que le eran queridos se encontraban en ese momento sin duda requerian una consideraciOn que no podia ser otorgada demasiado pronto. Por una combinacion de contrariedades, todo lo que pudiera ocurrir para perturbar la paz de la familia parecia haber sucedido a la vez; como en el caso de Macbeth, sus problemas habian Ilegado verdaderamente en batallones, y ahora que la serenidad de su situaci6n doméstica estaba destruida, males menores y molestias que esa misma serenidad les habia permitido mantener a distancia se volvian gigantescos, y amadian mucho a su afliccion. El pequefio ingreso, que cuando todo era felicidad, salud y tranquilidad bastaba para constituir un hogar comodo, era ahora totalmente insuficiente —el poder de economizar y sacar el mejor partido de los recursos habia huido junto con esa satisfaccion de espiritu que solo puede producir la armonia de las circunstancias. No cabia suponer que la pobre senora Bannerworth pudiera ahora, como lo hacia antes cuando su mente estaba libre de ansiedad, atender a esos asuntos domésticos que forman el sostén de la comodidad familiar; distraida por la situacion de su hija y desconcertada por la rapida sucesion de acontecimientos molestos que habia producido un periodo de tiempo tan corto, cay en un estado de inercia mental, tan diferente como podia serlo de su anterior existencia activa. Igualmente se ha visto cOmo hasta los mismos sirvientes huyeron de Bannerworth Hall aterrados, antes que permanecer bajo el mismo techo con una familia a la que se creia sujeta a las visitas de un ser tan espantoso como un vampiro. Entre la clase que ocupa posiciones de servidumbre, ciertamente podria haberse encontrado algunos que, con sentimientos y entendimiento superiores a_ tales consideraciones, se hubieran aferrado con simpatia a aquella familia en desgracia, a la que habian conocido en tiempos mas felices; pero no habia sido la buena fortuna de los Bannerworth contar con gente asi a su alrededor; de modo que el egoismo prevalecio, y fueron abandonados. No era probable, entonces, que extranos aceptaran de buena gana servir en una familia situada de tal modo, sin algun poderoso incentivo en forma de una mayor retribucion monetaria, algo totalmente fuera del alcance de los Bannerworth. Asi fue como, cruelmente, en el momento mismo en que mas necesitaban ayuda y simpatia, esta familia desgraciada quedo casi aislada del resto de sus semeyjantes; y, aparte de cualquier otra consideracion, habria sido casi imposible para ellos continuar habitando la mansion con algo que pudiera llamarse comodidad o provecho. Y luego, aunque la desaparici6n de Charles Holland ya no despertaba aquellos sentimientos de indignacion ante su supuesta perfidia que primero habia producido aquel hecho, aun viéndolo bajo cualquier luz, era un duro golpe del destino, y después de él, todos se sentian aun menos capaces de luchar contra el mar de problemas que los rodeaba. El lector no habra dejado de advertir que existia en toda la familia un orgullo de independencia que los inducia a rechazar vivir de ayuda ajena; y por eso, aunque sentian —y sinceramente sentian— que cuando el almirante Bell, con su manera franca, les ofreciO asistencia CONniluCEOOOlKS.€O