Penny Dreadfuls, 1875 · page 276 of 400
Varney El Vampiro — page 276: what you’re looking at
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CAPITULO XXXIV LA AMENAZA. SUS CONSECUENCIAS. EL RESCATE, Y EL PELIGRO DE SIR FRANCIS VARNEY. Sir Francis Varney se detuvo de nuevo, y pareci6, por algunos instantes, complacerse en la condicion indefensa de aquella a quien tan firmemente habia decidido convertir en su victima. No habia compasion alguna en su semblante, ni el menor rastro de bondad humana podia hallarse en la expresi6n de aquellas facciones diabolicas; y si demoraba el intento de sembrar el terror en el coraz6n de ese ser desgraciado, pero hermoso, no podia ser por algun sentimiento de piedad, sino simplemente porque deseaba, durante unos momentos, entregarse a la idea de perfeccionar su villania con mayor eficacia. Y aquellos que habrian volado en su ayuda —aquellos que, por ella, habrian desafiado cualquier accidente, si, incluso la vida misma— dormian, y no sabian del peligro que acechaba a su amada. Ella estaba sola, y lo bastante lejos de la casa como para ser empujada hasta ese fragil borde donde termina la cordura y comienza el sueno de la locura, con todos sus horrores. Pero aun dormia —s1 ese suefo entreabierto podia considerarse algo semejante al sueno ordinario—; aun dormia, y llamaba lamentablemente el nombre de su amante; y, en acentos tiernos y suplicantes, que habrian derretido incluso los corazones mas _ obstinados, expresaba la conviccion de su alma de que él la amaba todavia. La sola repeticion del nombre de Charles Holland parecia irritar a sir Francis Varney. Hizo un gesto de impaciencia cuando ella lo pronunci6 nuevamente; luego, avanzando, se coloc6 a un paso escaso de donde ella estaba sentada, y con voz terriblemente clara, dijo: —jFlora Bannerworth, despierta! ;Despierta! y mirame, aunque la vision te hiera y te arroje a la desesperacion. jDespierta! ;Despierta! No fue el sonido de la voz lo que la despert6 de aquel extrafio sopor. Se dice que quienes duermen de ese modo excéntrico son insensibles a los sonidos, pero que el mas leve contacto basta para hacerlos despertar al instante; y asi sucedi6 en este caso, pues sir Francis Varney, mientras hablaba, coloc6 sobre la mano de Flora dos de aquellos dedos suyos, frios y cadavéricos. Un grito broto de sus labios y, aunque la confusion de sus recuerdos y percepciones era enorme, estaba despierta, y el trance sonambulico habia desaparecido. —jSocorro, socorro! —grit6é—. jSantos cielos! ;Donde estoy? Varney no hablo; pero extendio sus largos y delgados brazos de tal manera que parecia casi rodearla, sin llegar a tocarla, de modo que escaparse era imposible, y haberlo intentado habria sido arrojarse en su espantoso abrazo. Solo pudo obtener una fugaz vision del rostro y la figura de aquel que le impedia el paso, pero, por breve que fuera, sobr6. Un terror absoluto se apoder6 de ella y qued6 como paralizada; la Unica sefal de vida fue el murmullo: —El vampiro... el vampiro... —Si—dijo Varney—, el vampiro. Me conoces, Flora Bannerworth: Varney, el vampiro; tu huésped nocturno en aquel festin de sangre. Yo soy el vampiro. Mirame bien; no rehtyas mi mirada. Te convendra no evitarme, sino hablarme de manera tal que pueda llegar a amarte. Flora tembl6 como en convulsion, palida como una estatua de marmol. CONniluCEOOOlKS.€O