Penny Dreadfuls, 1875 · page 264 of 400
Varney El Vampiro — page 264: what you’re looking at
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efecto; pero se asombro al descubrir que Henry habia abandonado el Hall, y no sabia a donde. Durante algun tiempo se consolo con la idea de que volveria; pero, jay!, no volvi6, y este era el segundo aniversario de aquel dia triste, del que nadie se arrepintio y afligid mas que el pobre senor Bradley. —Seguramente, seguramente regresara, o nos hara saber donde esta —dijo—. No puede necesitar nada; de ser asi, nos habria escrito pidiendo ayuda. —No, no —dijo la senora Bradley—; temo que si no ha escrito, es que tiene necesidad; nunca lo haria si estuviera en pobreza, para no causarnos desdicha por su destino. Si le va bien, sabriamos de ello, porque estaria orgulloso de los resultados de su esfuerzo propio. —Bien, bien —dijo el senor Bradley—. No puedo decir mas; si ful impaciente, él también lo fue; ya paso. Perdonaria todo lo pasado si pudiera verlo una vez mas —juna vez mas! —Como atlla el viento —anadi6 el anciano—, y cada vez es peor. —Si, y la nieve cae ahora con fuerza —dijo uno de los sirvientes, trayendo algunos troncos para reponer el fuego que amontono en la chimenea, y sacudid los copos blancos de su ropa. —Sera una nevada intensa antes de la mafana —dijo uno de los hombres. —Si, lleva acumulandose varios dias; cuando todo haya caido hara mucho mas calor que hasta ahora. —Asi sera —asintio el otro—, asi sera. En ese momento, se oyO un golpe en la puerta, y los perros estallaron en un alboroto espantoso desde sus perreras. —Ve, Robert —dijo el senor Bradley—, y averigua quién [lama en una noche como esta; no es seguro ni conveniente que un perro esté fuera en tal clima. El hombre salio y pronto regres6, diciendo: —Si os place, senor, hay un viajero que ha perdido el camino y desea saber si puede obtener refugio aqui, 0 si alguien puede guiarlo hasta la posada mas cercana. —Haz que entre; no perderemos calor por tener a uno mas junto al fuego. El extrafio entro y dijo: —He perdido mi camino, y la nieve cae tan densa y rapida, y se arremolina en remolinos, que temo, si estoy solo, caer en algun banco y perecer antes del amanecer. —No lo diga, senor —dijo el senor Bradley—; una noche como esta es suficiente disculpa para su solicitud, y un incentivo para concedérsela de buena gana. —Gracias —respondio el extraho—-; la bienvenida es muy oportuna. —Tome asiento, senor; siéntese junto a la chimenea; hace calor. El extrano se sent6, y pareci6 perdido en reflexi6n mientras contemplaba atentamente los troncos encendidos. Era un hombre robusto, con grandes patillas y barba, y, a juzgar por su indumentaria, un hombre fuerte. — {Ha viajado mucho’ —Si, senor. —Parece pertenecer al ejército, s1 no me equivoco. Hubo una pausa; el extrafo no parecia inclinado a hablar mucho de si mismo, pero el senor Bradley continuo: — Viene de un servicio en el extranjero, senor? Supongo que Si. —Si; no he estado en este pais mas de seis dias. — {De veras? {Cree usted que tendremos paz? CONniluCEOOOlKS.€O _~