Penny Dreadfuls, 1875 · page 259 of 400
Varney El Vampiro — page 259: what you’re looking at
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—Pero no se aflija. Puede contar con que el dulce querubin que esta alla arriba lo ha cuidado. —KEso espero. —Y ahora, querida mia, el joven Henry estara pronto en casa, me parece, y como él ya tiene bastantes molestias en su propia mente como para anadirle mas, usted tomara la primera oportunidad, estoy seguro, de ponerlo al tanto del pequenio asunto del que hemos hablado, y me dira lo que él diga. —Si... lo hare... lo hare. —Asi esta bien. Ahora entre en la casa, que corre un aire frio, y usted es una planta delicada por ahora; entre y pOngase cOmoda y tranquila. La peor tormenta debe pasar al fin. CAPITULO XXXI SIR FRANCIS VARNEY Y SU MISTERIOSO VISITANTE. LA EXTRANA CONFERENCIA. Sir Francis Varney esta en lo que él llama su propio aposento. Es de noche, y una luz tenue e incierta de un candil, que hacia ya mucho habia sido descuidado, solo sirve para volver mas desconcertante la oscuridad. El cuarto es lujoso. Uno lleno de todos los recursos de refinamiento y comodidad que el espiritu y el ingenio de la época pudieran proporcionarle; pero hay en su frente huellas de una preocupacion que lo corroe, y poco parece importarle a ese ser tan misterioso todo el rico mobiliario del aposento en el que se encuentra. El rostro cadavérico de Sir Francis Varney se veia aun mas palido y semejante a la muerte que de costumbre; y, si pudiera concebirse que un ser asi pueda interesarse profundamente en los asuntos humanos, al mirarlo bien podriamos suponer que algun interés de magnitud extraordinaria estaba en juego. Ocasionalmente, también murmuraba palabras inconexas, Ilenando mentalmente los vacios que hacian incompletas las frases, y quizas sin ser consciente de que daba expresion audible a cualquiera de sus meditaciones oscuras y secretas. Por fin se levanto y, con expresiOn ansiosa, se acercO a la ventana y miro hacia la oscuridad de la noche. Todo estaba en silencio, y ningun objeto era visible. Era aquella negrura absoluta, que durante algunas horas, cuando la luna tarda en prestar sus rayos reflejados, cubre la superficie de la tierra. —Se acerca la hora —murmur6—. Ya esta muy cerca; seguramente vendra, y aun asi no sé por qué deberia temerle, aunque parezca estremecerme al pensar en su llegada. Vendra sin duda. Una vez al afo —solo una vez— me visita, y entonces es solo para tomar el precio que me ha obligado a pagar por esa existencia que, de no ser por él, habria terminado hacia mucho. A veces deseo con devocion que asi fuera. Con un estremecimiento, regreso al asiento que habia dejado hace un momento, y alli, por un tiempo, parecio meditar en silencio. De repente, un reloj que estaba en el hall de la mansion que habia comprado sono la hora con estridencia. —Ha llegado el momento —dijo Sir Francis—. Ha lIlegado el momento; seguramente pronto estara aqui. ;jEscuchen! jEscuchen! Conto lenta y claramente los golpes del reloj y, cuando cesaron, exclam6 con sorpresa: CONniluCEOOOlKS.€O