ComicBooks.com Register / Loginit's free!

Penny Dreadfuls, 1875 · page 247 of 400

Varney El Vampiro — page 247: what you’re looking at

📖 Open the full issue in the page-flip reader →
Varney El Vampiro — page 247: Penny Dreadfuls, 1875

A restored page from Penny Dreadfuls, 1875. Page through the whole issue in the reader above.

📄 Transcribed text from this page (OCR, searchable)

Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

—Con audacia. —j Como de audaz? —Yendo ahora mismo, aconsejaria yo, a su casa, y preguntando al primer criado que encontréis. —Iré yo —exclamo George—; en ocasiones como esta no puede uno andarse con formalidades. Cogid su sombrero y, sin esperar palabra de aprobaciOn o reproche por su partida, se marcho. — Si —dijo Henry— descubrimos que Varney no tiene nada que ver con el asunto, estaremos completamente confundidos. —Completamente —repiti6 Marchdale. —En ese caso, almirante, creo que debemos atender a vuestros sentimientos sobre el asunto y hacer cuanto sugeris. —Ofreceré una recompensa de cien libras a quien pueda y quiera traer alguna noticia de Charles. —Cien libras es demasiado —dijo Marchdale. —En absoluto; y ya que el monto se ha convertido en tema de discusion, lo duplicaré a doscientas, y tal vez eso beneficie a algun sinvergitienza que no esté bien pagado por guardar el secreto tanto como yo lo pagaré por revelarlo. —Quiza tengais razon —dijo Marchdale. —Sé que lo soy, como lo soy siempre. Marchdale no pudo evitar sonreir ante el viejo tan Ileno de opiniones, que pensaba que nadie tenia un juicio igual al suyo sobre ningun asunto; pero no hizo comentario alguno, y solo esper6, como Henry, con evidente ansiedad, el regreso de George. La distancia no era grande, y George cumpli6 su cometido con ligereza, pues regreso en menos tiempo del que ellos habian imaginado posible. En cuanto entro en la habitacion, dijo, sin esperar a que se le formulara la menor pregunta: —Estamos otra vez sin pista. Me aseguran que Sir Francis Varney no salio de su casa después de las ocho de la noche. —Maldito sea —dijo el almirante—, pues démosle al diablo lo que le corresponde. No pudo tener mano alguna en este asunto. —Ciertamente no. —({De quién obtuviste esa informaci6n, George? —pregunto Henry, con un tono desalentado. —Primero de uno de sus sirvientes, con quien me encontré lejos de la casa, y luego de otro a quien vi en la casa. —(jNo puede haber error, entonces? —Ninguno. Los sirvientes me respondieron al instante, y con tanta franqueza que no puedo dudarlo. La puerta se abrio lentamente, y Flora entr6. Era casi la sombra de lo que habia sido pocas semanas antes. Seguia siendo hermosa, pero parecia realizar la descripci6n del poeta sobre quien, tras sufrir demasiado, se hunde en una tumba prematura, victima de un corazon roto: «Era mas hermosa que la muerte, y sin embargo tan triste de contemplar.» CONniluCEOOOlKS.€O _~