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Penny Dreadfuls, 1875 · page 227 of 400

Varney El Vampiro — page 227: what you’re looking at

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Varney El Vampiro — page 227: Penny Dreadfuls, 1875

A restored page from Penny Dreadfuls, 1875. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

—({ Qué desean entonces? —Permiso para arrojarlo por la borda —es para salvar nuestras propias vidas. —No puedo permitirles hacer tal cosa; no estorba a nadie. —Pero siempre esta silbando. jSolo escuchelo ahora, y con un huracan como este, es espantoso pensarlo! {Qué mas podemos hacer, senor? —no es humano. En ese momento, el silbido del extrafo lleg6 claro a sus oidos; eran las mismas notas salvajes y sobrenaturales de antes, pero las cadencias eran mas fuertes, y habia una claridad sobrenatural en todos los tonos. —Ahi lo tienen —dijo otro—; esta dando patadas al barril con los talones. —jMaldita bitacora! —dijo el capitan—; suena como breves truenos. Vayan a hablarle, muchachos. —Y si eso no funciona, sefor, ,podriamos...? —No me hagan preguntas. No creo que un grupo de los mejores hombres nacidos pudiera moverlo. —No importa, lo intentaremos —dijo uno. Entonces todos los hombres se acercaron al lugar donde estaban los barriles de agua y yacia el extrano. Alli estaba, silbando como un furioso, y al mismo tiempo golpeando con los talones sobre los barriles vacios. Nos acercamos, y él no nos prest6 atencion alguna, continuando de la misma manera. —jEh! —erito uno. —jEh! —erit6 otro. Sin embargo, no nos hizo caso, y uno de nosotros, un hombre grande y herculeo, irlandés, lo agarro por la pierna, ya fuera para hacerlo levantarse 0, como pensamos, para alzarlo sobre nuestras cabezas y arrojarlo al mar. Sin embargo, apenas tuvo los dedos alrededor de la pantorrilla, el extrano la apreto contra el barril de tal forma que no pudo moverse, quedando efectivamente clavado alli como si lo hubieran martillado. El extrano, tras terminar un compas de su musica, se incorporo lentamente a una posicion sentada, sin ayuda de las manos, y mirando al desafortunado hombre a los ojos, dijo: —Bueno, {qué quieres? —jMi mano! —dijo el hombre. —Tomala, entonces —respondio él. La tomo, y vimos que tenia sangre. El extrafo extendid la mano izquierda y, tomandole por la pretina, lo alzo sin ningun esfuerzo sobre el barril de agua junto a él. Nos quedamos boquiabiertos y no pudimos remediarlo; estabamos convencidos de que no podriamos arrojarlo por la borda, pero que él probablemente no tendria dificultad alguna en echarnos a nosotros. —Bueno, {qué queréis? —nos volvio a exclamar a todos. Nos miramos unos a otros y apenas tuvimos coraje para hablar; al fin diye: —Queremos que deje de silbar. —({Dejar de silbar’?? —dijo—. , Y por qué habria yo de hacer cosa semejante”? —Porque trae el viento. —jJa! jja! —dijo—; precisamente por eso silbo, para traer el viento. —Pero no queremos tanto. —jBah! —dijo—; no sabéis lo que os conviene: es una brisa preciosa, y ni un apice excesiva. —jEs un huracan! _~ CONniluCEOOOlKS.€O