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Penny Dreadfuls, 1875 · page 225 of 400

Varney El Vampiro — page 225: what you’re looking at

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Varney El Vampiro — page 225: Penny Dreadfuls, 1875

A restored page from Penny Dreadfuls, 1875. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

—Bueno. —Solo mandeme un poco de carne y galletas, y un café real —asegurese de que sea real, {me oye?, porque me gusta el brandy, es lo Unico bueno que hay en la tierra. No olvidaré facilmente la expresion del capitan cuando se volvio hacia el extrano y encogi0 sus enormes hombros, como diciendo: “Bueno, no puedo evitarlo ahora; esta aqui y no puedo arrojarlo por la borda”’. El café, la carne y las galletas le fueron enviados, y el extraho pareciO comer con gran gusto, beber el café con deleite, y devolvid los recipientes diciendo: —Su capitan es un cocinero excelente; dele mis cumplidos. Pensé que el capitan consideraria esto un cumplido con doble filo, y se enfadaria mas que alegrarse, pero no se hizo caso. Era extrano, pero aquel hombre habia impuesto a todos en la nave la idea de ser algo mas de lo que parecia—mas que un simple mortal—y nadie se atrevio a interferir con él; el capitan era un tipo valiente y audaz, pero parecia reconocer tacitamente mas de lo que decia, pues nunca volvio a prestarle atencion, ni él a él. Practicamente no conversaron, solo algunas palabras corteses al conocerse, pero poco o nada mas; el extrafo dormia en cubierta y vivia alli enteramente, y Jamas volvi0 a bajar después de que lo vimos por primera vez. Esto estaba bien, pero la guardia nocturna no disfrutaba de su compafnia, y habria preferido prescindir de ella en aquellas horas especialmente solitarias y desoladas en el vasto océano, quiza a mil millas del punto de tierra mas cercano. En esas horas temibles y solitarias, cuando ningun sonido alcanza el oido y perturba la calma del nocturno silencio, salvo el silbido del viento entre las cuerdas o el chapoteo ocasional del agua contra la nave, los pensamientos del marinero se fijan en objetos lejanos—su tierra natal, los amigos y seres queridos que dejo atras. Entonces piensa en el desierto antes, detras y alrededor de él; en la inmensa masa de agua, casi sin fondo en algunos lugares; y al contemplar tal escena, con pensamientos tan extranos e indefinidos como la propia extension infinita ante él, no es de extranar que se vuelva supersticioso; el tiempo y el lugar, sin ser invitados, convocan pensamientos y sentimientos de caracter e intensidad temibles. El extrano, en esos momentos, ocupaba su asiento favorito sobre el barril, mirando al cielo y luego al océano, y de vez en cuando silbaba una melodia extranfia, salvaje y desconocida. A los marineros se les erizaba la piel y se les ponian nudos de miedo al escucharla; el viento acompanaba el silbido y producia sonidos aterradores a sus oidos. El viento habia sido muy favorable desde el principio, y desde que se descubrio al extrano sopl6 fresco, y avanzabamos a gran velocidad, cortando el agua y salpicando espuma desde la proa, desplazandonos como un tiburon. Esto nos parecia muy extrano; no lo entendiamos, ni el capitan tampoco, y mirabamos al extrano con sospecha, deseando que se hundiera, pues el viento fresco se convirtiO en temporal, y aun asi la nave avanzaba con firmeza, como si el diablo la condujera—y no digo que no lo hiciera. El temporal se volvid huracaén, y aunque no teniamos ni una vela desplegada, nos desplazabamos ante el viento como si nos hubieran disparado desde la boca de un canon. El extrahlo seguia sentado sobre los barriles, y toda la noche mantuvo su infernal silbido. Ahora, los marineros no gustan de escuchar a nadie silbar con semejante tempestad sobre sus cabezas —es como pedir mas— pero él persistia, y cuanto mas fuerte soplaba el viento, mas fuerte silbaba. CONniluCEOOOlKS.€O _~