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Penny Dreadfuls, 1875 · page 219 of 400

Varney El Vampiro — page 219: what you’re looking at

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Varney El Vampiro — page 219: Penny Dreadfuls, 1875

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

consideran casi como un miembro de la familia, a consecuencia de mi compromiso con Flora. —Ciertamente, y muy bien también; aqui tienes un billete de cincuenta libras, hijo; tomalo y haz lo que quieras con él, y cuando necesites mas, ven a pedirmelo. —Sé que podria abusar hasta ese punto de tu bondad, tio. —jAbusar! No es abuso en absoluto. —No discutiremos sobre las palabras con que no puedo sino expresarte mi gratitud por tantos favores. Manana arreglaras el duelo por mi. —Como desees. No me agrada del todo volver a la casa de ese individuo. —Bueno, entonces podemos arreglarlo, supongo, por nota. —Muy bien. Hazlo. Me recuerda del todo a un suceso que paso hace mucho tiempo, cuando yo estaba en la mar y no era tan viejo como ahora. — Le recuerda un suceso, tio? —Si; se parece a un individuo que aparecio en un asunto del que sé bastante; solo que creo que mi compafiero era por un maldito buen trecho mas misterioso que este. —jDe veras! —Oh, si, claro. Cuando algo sucede de forma extrafia en el mar, es el doble de extrano que cualquier cosa que ocurra en tierra, muchacho, puedes estar seguro. —Oh, usted solo lo imagina, tio, porque ha pasado tanto tiempo en el mar. —No, no lo imagino, bribon. {Qué pueden tener ustedes en tierra que iguale lo que vemos nosotros en el mar? ; Vamos! Las cosas que se nos presentan ante los ojos les pondrian los pelos de punta a ustedes los terrestres, y no se les bajarian jamas. — {En el océano, quiere usted decir, que ve esas cosas, tio’? —Por supuesto. Una vez estaba yo en el océano del sur, en una fragata pequenia, buscando un navio de setenta y cuatro canones con el que debiamos unirnos, cuando un hombre en el tope del mastil grito que lo veia por la amura de babor. Bueno, pensamos que estaba bien, y pusimos rumbo en esa direcciOn, pero {qué crees que result6 ser? —Realmente no lo sé. —La cabeza de un pez. —({Un pez? —jSi! y condenado sea si no era mas grande que el casco de la fragata. Iba nadando con la cabeza fuera del agua, como si eso fuera para él apenas una inclinacion. —Pero, y las velas, tio? — Las velas? —Si; su hombre en el mastelero debi6 de ser muy mal marinero para no notar la ausencia de velas. —Ah, eso es una de tus ideas de tierra firme, ves. No sabes nada de esto. Te diré dé6nde estaban las velas, maestro Charles. —Bien, me gustaria saberlo. —Entonces escucha: la espuma que levantaba con un par de aletas, que tenia cerca de la cabeza, era tanta, y tan blanca, que parecian velas. —jOh! —Ah, puedes decir “joh!”’, pero todos lo vimos —toda la tripulaci6n— y navegamos junto a él un buen rato, hasta que se cans6o de nosotros y se sumergio de golpe, haciendo un remolino tal en el agua que la nave entera se estremeci6 y pareci6, durante un minuto, como $1 quisiera seguirlo hasta el fondo del mar. —j{ Y qué supone que era, tio? CONniluCEOOOlKS.€O _~