Penny Dreadfuls, 1875 · page 217 of 400
Varney El Vampiro — page 217: what you’re looking at
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de aquel afecto que habia brotado entre ellos y que, con afecto, creian que ni el tiempo ni las circunstancias tendrian poder para cambiar ni subvertir. Entretanto, el viejo almirante se extrafiaba de que Charles fuera tan paciente y no hubiera venido a solicitar el resultado de su deliberacion. Pero él no sabia con qué rapidas alas vuela el tiempo en presencia de aquellos a quienes amamos. Lo que fue una hora real no fue mas que un minuto fugaz para Charles Holland, sentado con la mano de Flora entre las suyas y contemplando su dulce rostro. Al fin, el tafer de un reloj le record6 su compromiso con su tio, y se levantd con reluctancia. —Querida Flora —dijo—, voy a velar esta noche, asi que no tengas el menor motivo de aprensi0n. —Me sentiré doblemente segura —dijo ella. —Ahora tengo algo de qué hablar con mi tio, y debo deyarte. Flora sonrio y le ofrecié la mano. El la presion6 contra su corazén. No supo qué impulso se apodero de él, pero por primera vez beso la mejilla de la hermosa muchacha. Con un rubor, ella se apart6 con suavidad. El la mir6é largamente al pasar junto a la puerta, y cuando ésta se cerr6 entre ellos, la sensacidn que experiment6 fue como si una nube repentina hubiera barrido la faz del sol, atenuando en gran medida su precioso resplandor. Una extrafia pesadumbre invadi6o su animo, que hasta entonces se habia hallado tan inexplicablemente levantado. Sintid como si la sombra de algun mal venidero descansara sobre su alma —como si alguna calamidad trascendental se preparara para él, tanto que casi lo volveria loco y lo arrojaria a una desesperacion irreparable. —{ Qué puede ser esto? —exclamo— {qué sensacion es ésta que parece decirme que jamas volveré a ver a Flora Bannerworth? Inconscientemente pronuncio estas palabras que traicionaban la indole de sus peores presentimientos. —QOh, esto es debilidad —aniadi6 luego—. Debo luchar contra ello; es mera nerviosidad. No debo consentir que la imaginaciOn me convierta en su juguete. Coraje, coraje, Charles Holland. Hay males reales mas que suficientes sin que ti los aumentes con los de una fantasia trastornada. Coraje, coraje, coraje. CAPITULO XXV LA OPINION DEL ALMIRANTE. LA PETICION DE CHARLES. Charles entonces busc6 al almirante, a quien encontro con las manos a la espalda, paseando de un lado a otro por uno de los largos paseos del jardin, visiblemente turbado. Cuando Charles aparecio, aceler6 el paso y presentaba un estado de perplejidad tan inusual que resultaba bastante ridiculo observarle. —Supongo, tio, que ya habra tomado usted una decision a fondo para esta hora. —Pues no lo sé. —Pero, con seguridad, ha tenido tiempo mas que suficiente para meditarlo. No es que yo le haya inquietado. CONniluCEOOOlKS.€O