Penny Dreadfuls, 1875 · page 206 of 400
Varney El Vampiro — page 206: what you’re looking at
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—Debe ser asi —dijo—. Tiene que ser asi. Uno de los dos caera en la lucha que sin duda habra de venir. Busco entonces a Flora, pues podia muy pronto serle arrebatada para siempre por la mano irresistible de la muerte. Sentia que, en las pocas horas que le quedaban antes de su encuentro con Sir Francis Varney, no podia disfrutar demasiado de la compania de aquella que reinaba en su corazon y guardaba en el suyo sus mejores afectos. Pero mientras Charles se ocupaba asi, sigamos al almirante y a Jack Pringle hasta la residencia de Varney, que —como el lector recordara— estaba tan cerca que bastaban pocos minutos de paso enérgico para llegar. El almirante sabia bien que podia confiar a Jack cualquier secreto, pues los largos habitos de disciplina y obediencia a los superiores eliminan esa propension a hablar de mas que es tan comun entre los civiles poco acostumbrados al orden. El viejo le explico, por tanto, lo que pensaba hacer, y obtuvo la plena aprobaci6n de Jack; pero, como en el curso forzoso de los acontecimientos eso habra de revelarse, no adelantaremos aqui los planes del almirante. Cuando lIlegaron a la residencia de Sir Francis Varney, fueron recibidos con la cortesia acostumbrada, y el almirante pidi6 a Jack que lo esperara en el elegante vestibulo de la casa, mientras él era conducido arriba, al despacho privado del vampiro. —jMaldito sujeto! —murmur6 el viejo almirante—. Al menos esta bien alojado. Diria que no es de esos vampiros que, llegada la noche, no tienen ad6nde ir mas que a su propio ataud. El cuarto al que fue conducido tenia persianas verdes, todas echadas. Es cierto que afuera brillaba el sol, aunque de modo intermitente, pero un extrafio tinte verdoso banaba todo el interior, y especialmente el rostro de Varney, volviendo su habitual palidez aun mas horrenda y extrafia. Estaba sentado en un divan y, cuando el almirante entro, se levanto y dijo, con una voz grave y profunda, muy distinta de la que usaba normalmente: —lMi humilde morada se siente muy honrada, senior, con su presencia. —Buenos dias —dijo el almirante—. He venido a hablar con usted, sefior, con cierta seriedad. —Por muy abrupto que me suene este anuncio —respondio Varney—, estoy seguro de que escucharé siempre con el mayor respeto cuanto tenga que decir el almirante Bell. —No hace falta respeto alguno —replico el almirante—, solo un poco de atencion. Sir Francis inclino la cabeza con gesto solemne y dijo: —Seria para mi una gran desdicha que no quisiera usted tomar asiento, almirante Bell. —Oh, no importa eso, Sir Francis Varney, si es que usted es Sir Francis Varney; que bien puede ser el diablo mismo, por lo que yo sé. Mi sobrino, Charles Holland, estima que, de una manera u otra, tiene con usted una querella muy tolerable. —Me apena mucho oirlo. — {De veras? —Créame, si. Soy muy escrupuloso en lo que digo; y puede confiar total y completamente en que afirmo que me apena. —Bueno, bueno, no importa eso; Charles Holland es un joven que recién entra en la vida. Ama a una muchacha que, creo, le es en todo merecedora. —jOh, qué feliz perspectiva! —Escucheme, si le place. —Con gusto, senor —respondi6d Varney—, con gusto. CONniluCEOOOlKS.€O