Penny Dreadfuls, 1875 · page 198 of 400
Varney El Vampiro — page 198: what you’re looking at
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Ya hemos insinuado el estado tan peculiar de las finanzas familiares; y, de hecho, aunque los ingresos provenientes de diversas fuentes deberian haber sido mas que suficientes para proporcionar a Henry y a quienes dependian de él una vida respetable, casi todo se consumia en el pago de cuotas regulares de las deudas familiares contraidas por su padre. Los acreedores se enorgullecian enormemente de permitir tal arreglo, en lugar de arrasar con todo y dejar a la familia morir de hambre.!'® La cuestion, por tanto, 0, al menos, una de ellas, era hasta qué punto la salida del Hall de Henry y de las demas ramas de la familia afectaria a ese arreglo. Tras unos pocos minutos de reflexion, Henry, con la franqueza y sinceridad que caracterizaban tanto su caracter, decidi6 explicar todo esto plenamente a Charles Holland y a su tio. Una vez tomada tal determinacion, no era probable que tardara en llevarla a cabo, y no bien estuvieron todos sentados en el pequefo salon de roble, hizo una exposicion explicita de sus circunstancias. —Pero —dijo el senor Marchdale cuando termind—, no entiendo qué derecho tienen sus acreedores a quejarse de donde viva, mientras cumpla con su contrato. —Es cierto —replico Henry—, pero siempre esperaron que permaneciera en el Hall, y si quisieran, claro, podrian vender toda la propiedad en cualquier momento, cobrar lo que valiera y pagarse hasta donde Ilegaran los ingresos. En cualquier caso, estoy seguro de que no quedaria nada para mi. —No puedo imaginar —afiadid Marchdale— que haya hombres tan irracionales. —HEs casi intolerable —observ6 Charles Holland, con mas impaciencia de la habitual— que toda una familia se vea obligada a abandonar su hogar por la simple molestia de un vecino como Sir Francis Varney. Pensar en ello provoca impaciencia y enojo. —yY, sin embargo, es lamentablemente cierto —dijo Henry—. {Qué podemos hacer? —Seguramente debe haber algun tipo de remedio. —Solo puedo imaginar uno, y es aquel al que todos nos resistimos: podriamos matarlo. —Eso esta fuera de toda cuestion. —Por supuesto, mi impresi0on es que él lleva realmente el mismo nombre que yo, y que es mi antepasado, de quien se pinto el retrato del panel. — {Han llegado las circunstancias realmente hasta tal punto —dijo Charles Holland— que os convencen de que este hombre es realmente la horrible criatura que sospechamos’? — ,Podemos dudar mds tiempo? —exclamé Henry, con tono exaltado—. El es el vampiro. —jMaldita sea si lo creo! —dijo el almirante Bell—. jTonterias! ; Vampiro? ;Al diablo con el vampiro! —Senor —dijo Henry—, no habéis sido testigo, como nosotros, de todas las circunstancias que nos obligan a fundar esta horrible creencia. Al principio, la incredulidad era natural; jamas pensamos que I|legariamos a creer en tal cosa. —Asi es —afiadid Marchdale—, pero paso a paso hemos sido llevados de la completa incredulidad en este fenodmeno a una conviccion temblorosa de que debe ser cierto. 110 Rymer desarrolla aqui un tema importante. Si bien los hombres de la novela son retratados como salvadores de la familia, también se convierten en destructores pardsitos (vampiros) a causa del vicio del juego. Los capitulos posteriores describen los males del juego y sus efectos inmediatos en las esposas e hijos, con resultados trdgicos. CONniluCEOOOlKS.€O _~