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Penny Dreadfuls, 1875 · page 187 of 400

Varney El Vampiro — page 187: what you’re looking at

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Varney El Vampiro — page 187: Penny Dreadfuls, 1875

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

CAPITULO Xx EL TERRIBLE ERROR. LA TERRIBLE ENTREVISTA EN LA CAMARA. EL ATAQUE DEL VAMPIRO. Los pasos que Flora oyo acercarse a su habitacion al terminar el relato que habia estado leyendo, resonaban rapidamente por el corredor. —Es Henry, que ha regresado para conducirme a una entrevista con el tio de Charles — dijo—. Me pregunto como sera ese hombre. Deberia, en algun aspecto, parecerse a Charles; y si asi fuera, le otorgaré algun afecto solo por eso. Toc—toc, golpearon a la puerta de la camara. Flora ya no estaba en absoluto alarmada, como lo habia estado cuando Henry le trajo el manuscrito. Por alguna extrafia reaccion de su sistema nervioso, se sentia completamente confiada y resuelta a enfrentarlo todo. Pero entonces estaba segura de que era Henry, y el golpe no la habia tomado por sorpresa. —Adelante —dijo con voz alegre—. Pase. La puerta se abri6 con sorprendente rapidez; una figura entro en la habitacion, la cerr6 con la misma rapidez y se apoyo contra ella. Flora quiso gritar, pero su lengua se nego a obedecerle; un torbellino confuso de sensaciones atraveso su cerebro: tembl6, y un frio glacial la recorrio. jEra Sir Francis Varney, el vampiro! Habia erguido su alto y demacrado cuerpo hasta toda su altura, cruzando los brazos sobre el pecho; una sonrisa espantosa se dibujaba en su rostro amarillento, y su voz, profunda y sepulcral, dijo: —Flora Bannerworth, escucha lo que tengo que decirte, y hazlo con calma. No tienes nada que temer. Haz una alarma —grita, o pide ayuda— y, por el infierno que nos rodea, jestaras perdida! Habia en la forma en que pronunciaba aquellas palabras un tono frio, mortal y carente de toda pasion, como si se dijeran mecanicamente y no brotaran de labios humanos. Flora las oy6, y sin embargo apenas las comprendi0; retrocedi6 lentamente hasta alcanzar una Silla, y alli se sostuvo. La unica parte del discurso de Varney que realmente le llego al oido era que si ella diera alguna alarma, surgirian consecuencias horribles. Pero no era por estas palabras que realmente no gritaba; era porque le era totalmente imposible hacerlo. —Respondeme —dijo Varney—. Promete que escucharas lo que tengo que decir. Al prometerlo, no te comprometes a ningun mal, y escucharas algo que te dara mucha paz. En vano intento hablar; sus labios se movian, pero no emitia ningUn sonido. —Estas aterrada —dijo Varney—, y sin embargo no sé por qué. No vengo a hacerte dao, aunque dano me hayas hecho. Muchacha, he venido a rescatarte de un yugo del alma bajo el cual ahora padeces. Hubo una pausa de algunos momentos, y entonces, débilmente, Flora logr6 decir: —jAyuda! ;Ayuda! ;Oh, ayudame, cielo! Varney hizo un gesto de impaciencia mientras decia: —FE]I cielo ya no obra en casos especiales. Flora Bannerworth, si tienes tanto intelecto como tu nobleza y belleza harian suponer al mundo, me escucharas. —Yo... escucho —dijo Flora, arrastrando la silla consigo, aumentando la distancia entre ambos. CONniluCEOOOlKS.€O