Penny Dreadfuls, 1875 · page 157 of 400
Varney El Vampiro — page 157: what you’re looking at
A restored page from Penny Dreadfuls, 1875. Page through the whole issue in the reader above.
📄 Transcribed text from this page (OCR, searchable)
Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.
—Por supuesto que no. Nunca estuve en esta latitud antes, y el canal parece intrincado. Vamos a llamar a un piloto, Jack, y entonces todo ira bien; y si encallamos, sera su culpa. —Lo cual es un gran consuelo —dijo Jack—. Vamos. CAPITULO XVI EL ENCUENTRO DE LOS AMANTES EN EL JARDIN. UNA ESCENA CONMOVEDORA. LA APARICION REPENTINA DE SIR FRANCIS VARNEY. Nuestros lectores recordaran que Flora Bannerworth habia concertado una cita con Charles Holland en el jardin de la casa solariega. El joven aguardaba ese encuentro con una mezcla de sentimientos encontrados, y paso el tiempo intermedio en un estado de dolorosa incertidumbre sobre cual seria su desenlace. La idea de que Flora lo instara con insistencia a renunciar a todo pensamiento de hacerla suya era para él sumamente amarga, pues la amaba con una verdad y una constancia absolutas; y estaba convencido de que ella diria cuanto pudiera para inducirlo a tomar semejante resolucion. Pero para él, la idea de abandonarla ahora se le presentaba bajo el aspecto mas detestable. —({He de rebajarme tanto —se dijo—, tanto a mis propios ojos como a los de ella y los de toda persona de honor, como para abandonarla ahora, en su hora de aflicci6n? ;Puedo atreverme a Ser tan vil como para decirle, de hecho o en espiritu: “Flora, cuando tu belleza no estaba empafiada por la tristeza, cuando todo a tu alrededor era vida y alegria, te amé egoistamente por la felicidad que podias darme; pero ahora la mano de la desgracia pesa sobre ti, ya no eres la que fuiste, y te abandono””? jJamas... jamas... jamas! Charles Holland —como observaran algunos de nuestros lectores mas filos6ficos— sentia con mas intensidad de lo que razonaba; pero, sean cuales fueren los errores de su l6gica, ipodemos dejar de admirar la nobleza de alma que lo impulsaba a seguir un curso tan generoso y abnegado? En cuanto a Flora, solo el cielo sabe si, en aquel preciso momento, su mente habia resistido por completo la dura prueba de los acontecimientos que casi la habian sobrepasado. Dos grandes sentimientos parecian dominar su espiritu: el temor a las nuevas visitas del vampiro y un sincero deseo de liberar a Charles Holland de sus repetidas promesas de constancia hacia ella. El sentimiento, la generosidad y el juicio coincidian en rebelarse contra la idea de atar al joven a un destino como el suyo. Unirlo a su suerte seria hacerlo participe, en verdad, de todas sus desdichas; y cuanto mas ofa de sus labios expresiones de afecto fiel y generoso, con mayor dolor comprendia que él sufriria de forma mas profunda si llegaban a unirse. Y tenia razon. La misma generosidad de sentimiento que ahora impulsaba a Charles Holland a llevar a Flora Bannerworth al altar —aun con las marcas de los dientes del vampiro en su garganta— era prueba de la hondura de un afecto capaz de ofrecerle refugio en todas sus miserias, en todas sus penas y tribulaciones. Lo que en la casa solariega se llamaba familiarmente “el jardin” era un terreno semicircular, sombreado en varias direcciones por arboles, destinado por entero al cultivo CONniluCEOOOlKS.€O