Penny Dreadfuls, 1875 · page 158 of 400
Varney El Vampiro — page 158: what you’re looking at
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de flores. Estaba casi oculto a la vista desde la casa, y en su centro se alzaba un cenador que, en la estaciOn acostumbrada, solia cubrirse de toda clase de plantas trepadoras de exquisito perfume y rara belleza. A su alrededor florecian las mas bellas y fragantes flores que una tierra fértil y una posicion resguardada podian producir. jAy!, ulttmamente habian crecido muchas malas hierbas entre aquella mas noble vegetacion, pues las deterioradas fortunas de la familia les habian impedido mantener los criados necesarios para conservar la casa y los jardines en el estado de pulcritud que antano habia sido el orgullo de sus moradores. Fue, pues, en aquel jardin de flores donde solian encontrarse Charles y Flora. Como era de suponerse, él Ileg6 al lugar antes de la hora convenida, aguardando con ansiosa expectacion la aparicion de quien le era tan querida. {Qué eran para él las dulces flores que crecian alli en tan feliz abundancia y descuidada hermosura? ;Ay!, la flor que para su mente era mas hermosa que todas estaba marchita, y en las palidas meyillas de su amada suspiraba al ver cOmo el lirio usurpaba el lugar de la radiante rosa. —QQuerida, queridisima Flora —exclamo—, has de irte de este lugar, tan Ileno ahora de los mas dolorosos recuerdos. No puedo creer que el sefior Marchdale sea verdaderamente mi amigo; pero esa conviccion —o mas bien impresidn— no paraliza tanto mi juicio como para impedirme reconocer que su consejo es bueno. Podria haberlo expresado con palabras mas amables, palabras que no me hirieran como dagas, cada una Ilevandome un nuevo dolor al corazon, pero aun asi creo que, en su conclusion, tenia razon. Un leve sonido, como el de un paso de hada entre las flores, Ileg6 hasta sus oidos; volvidse al instante hacia la direcci6n de donde provenia, y vio lo que su corazon ya le habia anunciado: era su Flora quien Ilegaba. Si, era ella; pero jah, cuan palida, cuan demacrada, cuan languida y Ilena de los signos de un profundo sufrimiento mental! ;D6nde estaba ahora la ligereza de aquel paso juvenil? Donde aquella luminosa belleza alegre que solia brillar en sus ojos? j;Ay!, todo habia cambiado. La exquisita belleza de su forma seguia alli, pero la luz de la alegria —la que habia otorgado su encanto mas sublime a aquel rostro celestial— se habia extinguido. Charles estuvo a su lado en un instante: tenia su mano estrechada entre las suyas, mientras el otro brazo la rodeaba con ternura por su esbelta cintura. —Flora, querida, queridisima Flora —dijo—, estas mejor. Dime que sientes que el aire suave te devuelve el animo. Ella no pudo hablar; su corazon estaba demasiado colmado de pesar. —Oh, Flora, mi vida, mi hermosa —afadi6d, con ese tono que nace directamente del corazon y que es tan distinto de cualquier fingimiento de ternura—. Hablame, querida Flora, hablame, aunque sea una sola palabra. —Charles... —fue todo lo que pudo decir, antes de romper en un torrente de lagrimas y apoyarse tan pesadamente en su brazo que era evidente que, de no ser por aquel sostén, habria caido. Charles Holland dio la bienvenida a aquellas lagrimas, aunque lo entristecian tanto que bien habria podido acompanarlas con las suyas; pero sabia que pronto ella estaria mas serena, y que aquellas lagrimas aliviarian el corazon cuya pena las habia hecho brotar. Se abstuvo de hablarle hasta que sintid que aquel subito desahogo de emocion se transformaba en sollozos; entonces, con voz baja y suave, volvi6 a intentar infundir consuelo en su espiritu afligido y temeroso. —Mi querida Flora —dijo—, recuerda que hay corazones calidos que te aman. Recuerda que ni el tiempo ni las circunstancias pueden cambiar un afecto tan profundo como el mio. CONniluCEOOOlKS.€O