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Penny Dreadfuls, 1875 · page 133 of 400

Varney El Vampiro — page 133: what you’re looking at

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Varney El Vampiro — page 133: Penny Dreadfuls, 1875

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

Era, en verdad, un pensamiento cruel y doloroso. Uno que atin no queria, ni podia, aceptar como absolutamente necesario. Pero ahora brillaba el sol: era de manana; y los sentimientos que habian hallado morada en su pecho en la oscuridad, la quietud y la incertidumbre de la noche, fueron ahuyentados por esos gloriosos rayos de luz que iluminaban colinas, valles y arroyos, y por los miles de dulces sonidos de vida y movimiento que Ilenaban aquel aire soleado. Tal revulsion de sentimientos era natural. Muchas de las angustias y preocupaciones de la noche desaparecen con ella, y las que habian oprimido el corazon de Henry Bannerworth se vieron considerablemente atenuadas. Mientras reflexionaba sobre esto, escuch6 el sonido de la campana de la porteria, y como un visitante era algo poco comun en aquella casa, aguard6 con cierta ansiedad para ver a quién debia su visita tan temprana. Pocos minutos después, uno de los sirvientes se le acerc6 con una carta en la mano. Tenia un gran y elegante sello y, por su apariencia, parecia provenir de alguien de importancia. Una segunda mirada le mostro el nombre de “Varney” en la esquina y, con cierto grado de fastidio, murmuro para si: —Otra carta de condolencia del molesto vecino a quien aun no he visto. —Si le place, sehor —dijo la sirvienta que le traia la carta—, ya que estoy aqui y usted también, tal vez no tenga inconveniente en darme lo que me corresponde por el dia y dos noches que he estado aqui, porque no puedo quedarme en la casa, tan familiarizada con todo tipo de fantasmas; no estoy acostumbrada a tal compaififa.*’ —({ Qué quieres decir? —pregunto Henry. La pregunta era innecesaria: sabia perfectamente a qué se referia la mujer, y la conviccion de que ningun doméstico consentiria vivir mucho tiempo en una casa sujeta a tales visitas terribles se le impuso con fuerza. —jQué quiero decir! —dijo la mujer—. Sefior, si le da igual, yo no provengo de familia de vampiros, y no quiero quedarme en una casa donde se toleren esas cosas. Eso es lo que quiero decir, sefior. —({ Qué salario se te debe? —pregunt6 Henry. —Pues, en cuanto a salario, yo solo vine aqui por dias. —Entonces ve y arregla cuentas con mi madre. Cuanto antes dejes esta casa, mejor. —Oh, no, sefor, créame que no quiero quedarme. Esta mujer era de esas que siempre estaban armadas por todos los puntos para una disputa, y no concebia dar por concluido ningin compromiso, de cualquier tipo, sin algun disturbio; por lo tanto, ver a Henry tomar sus palabras con tan provocadora calma le resultaba extremadamente irritante; pero no habia remedio para tal fuente de molestia. No podia encontrar otro motivo de pelea que el relacionado con el vampiro, y, como Henry no discutirfa con ella sobre tal asunto, se vio obligada a rendirse en desesperacién.*® °” Rymer aplica el mayor temor que autores posteriores acentuaron en la novela sensacionalista: el colapso del sistema de clases. Es un mal presagio cuando los sirvientes saben lo que ocurre tras las puertas cerradas de sus empleadores y se niegan a servir. Esta idea enfatiza la paranoia victoriana sobre los sirvientes, los chismes y la vergiienza publica. Para mds informacion, véase el estudio de Winifred Hughes, “El maniaco en el sétano: novelas sensacionalistas de la década de 1860” The Maniac in the Cellar : Sensation Novels of the 1560s. °° 4 lo largo de Varney el Vampiro, las mujeres que se expresan abiertamente son vistas como una molestia y problematicas. Esta vision clasista y miségina se extiende a lo largo del texto. Los hombres pueden expresar libremente sus lagrimas y preocupaciones, pero las mujeres que lo hacen son CONC OOOlKS.€O