Penny Dreadfuls, 1875 · page 117 of 400
Varney El Vampiro — page 117: what you’re looking at
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Bien podia dudar de si estaba dormido o despierto; bien podia preguntarse si el loco era él o lo eran los demas. Y ahora, tras dirigir una larga y afectuosa mirada a la palida y doliente figura de Flora, siguio a Henry fuera de la habitaci6n, mientras su mente se agitaba en mil vagas y frenéticas conjeturas sobre la revelacion que se le habia prometido. Pero, como Henry le habia dicho con razon, ni en el mas extravagante impulso de su imaginaciOn podria concebir nada que se aproximara al terrible misterio y horror de aquello que iba a oir; y, en consecuencia, se encontro encerrado con Henry en un pequefo gabinete apartado de la parte principal del salon, tan confundido como lo habia estado desde el primer momento. CAPITULO XI LAS COMUNICACIONES AL AMANTE. LA DESESPERACION DEL CORAZON. La consternacion es contagiosa, y cualquiera que hubiera mirado el semblante de Charles Holland, ahora que se hallaba sentado con Henry Bannerworth, esperando una revelacion que sus temores le decian que habria de destruir para siempre sus mas queridas y dulces esperanzas, dificilmente habria reconocido en él al mismo joven que, apenas una hora antes, habia llamado tan fuerte, tan Ileno de alegre ilusi6n y expectacion, a la puerta del salon. Pero asi era. Conocia demasiado bien a Henry Bannerworth para suponer que una causa imaginaria pudiera haberle palidecido el rostro. Conocia demasiado bien a Flora para imaginar por un solo instante que fuera un capricho lo que dict6 aquellas, para él, terribles palabras de despedida que ella le habia pronunciado. Mas feliz habria sido entonces Charles Holland si ella hubiese obrado caprichosamente con él y lo hubiese convencido de que la devoci6n de su corazon sincero habia sido arrojada a los pies de alguien indigna de un don tan noble. El orgullo lo habria ayudado, sin duda, a resistir el golpe. Un sentimiento de honesta y justa indignacion por ver burlados sus afectos lo habria sostenido; pero, jay!, el caso parecia ser muy distinto. Cierto es que ella le suplic6 que no pensara mas en ella, que ya no albergara en su pecho el dulce sueno de amor que por tanto tiempo habia morado alli; pero el modo en que lo hizo llevaba consigo una conviccion irresistible de que estaba realizando un noble sacrificio de sus propios sentimientos por él, a causa de algo envuelto en el mas profundo misterio. Y ahora iba a saberlo todo. Henry le habia prometido contarselo, y mientras miraba su rostro palido, pero de una hermosura intelectual, temia a medias la revelaciOn que, sin embargo, anhelaba oir. —Cuéntamelo todo, Henry... cuéntamelo todo —dijo—. Sé que puedo confiar en las palabras que salgan de tus labios. vergiienza se habia apoderado de sus vidas. La llegada de lo desconocido, el Vampiro, derrumbaba su hogar, sus ideales y su valia. El sistema en el que una vez creyeron ya no podia sostener su estilo de vida y sus creencias. Esto insinuaba que la introduccién del Otro, lo desconocido, lo nuevo y moderno, o el cambio del sistema de creencias anterior, provocaria el fracaso y la destruccién del sistema de clases victoriano. Irénicamente, el fracaso del sistema de clases fue mds aterrador que la propia idea del Vampiro. CONniluCEOOOlKS.€O