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Penny Dreadfuls, 1875 · page 111 of 400

Varney El Vampiro — page 111: what you’re looking at

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Varney El Vampiro — page 111: Penny Dreadfuls, 1875

A restored page from Penny Dreadfuls, 1875. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

Hubo una pausa de varios minutos, y luego la sefora Bannerworth insisti6o ligeramente en llamar a algunos sirvientes, pensando que su presencia podria desviar los pensamientos de su hija; pero Flora vio que puso la mano sobre la campanilla y dijo: —No, madre, no, todavia no, todavia no. Quizas me estoy equivocando. La senora Bannerworth se sento, pero no bien lo hizo, se arrepinti6 de no haber tocado la campanilla, porque antes de que pudiera decirse otra palabra, Ileg6 demasiado perceptiblemente a sus oidos —como para que hubiera algun error— un extrafo rasgufo en la ventana exterior. Un leve grito escapo de los labios de Flora, quien exclamo con voz de gran agonia: —jOh, Dios! —joh, Dios! jHa vuelto a venir! La sefora Bannerworth se desmay6 y no pudo moverse ni hablar; solo pudo sentarse, paralizada, observando y escuchando lo que ocurria. El rasgufo continuo unos segundos y luego ces6 por completo. Quiza, en circunstancias normales, un sonido asi fuera apenas digno de comentario, o si lo fuera, se atribuiria a algun efecto natural o al esfuerzo de algun pajaro 0 animal por entrar en la casa. Pero en aquella familia habia ocurrido ya suficiente como para convertir cualquier pequeno sonido en algo de extraordinaria importancia; y esos sucesos, que antes habrian pasado inadvertidos o al menos sin causar alarma, ahora tenian un interés aterrador. Cuando el ruido ceso, Flora habl6 en un bajo y ansioso susurro: —Madre, {lo escuchaste entonces? La senora Bannerworth intent6 hablar, pero no pudo; y de repente, con un fuerte golpe, la barra que aseguraba por dentro las contraventanas cay6, como por algun agente invisible, y ahora las contraventanas, de no ser por la ventana, podrian abrirse facilmente desde afuera. La sefora Bannerworth se cubrio el rostro con las manos y, después de mecerse de un lado a otro durante un momento, cay6 de la silla, desmayada por el terror extremo que la habia invadido. Durante el tiempo que a un hablante rapido le tomaria contar hasta doce, Flora crey6 que su razon la abandonaba, pero no fue asi. Se encontro recuperandose, y alli permanecio sentada, con los ojos fijos en la ventana, pareciendo mas una estatua exquisitamente cincelada de desesperaciOn que un ser de carne y hueso, esperando en cada instante que algun horrible aparicion le destruyera la vista, algo capaz de Ilevarla a la locura. Y de nuevo llego el extrafo golpeteo o rasguno contra el cristal de la ventana. Esto continuo durante varios minutos, durante los cuales a Flora también le pareci6 que se estaba produciendo cierta confusion en otra parte de la casa, pues creyO oir voces y portazos. Parecia que debia haber estado largo rato observando las contraventanas antes de verlas temblar, y entonces, lentamente, una de sus hojas, con bisagras, se abrio. Una vez mas, el horror pareci6 a punto de volverla loca, y luego, como antes, una sensacion de calma se apodero rapidamente de ella. Pudo ver claramente que algo estaba junto a la ventana, pero no podia discernir qué era debido a la luz que habia en la habitacion. Sin embargo, unos pocos momentos bastaron para despejar el misterio: la ventana se abrio y una figura se interpuso ante ella. Un vistazo, un solo vistazo aterrorizado, en el que concentro toda su alma, le bast6 para reconocer quién y qué era la figura. Habia una forma alta y macilenta; estaba la vestimenta antigua y descolorida; los ojos brillaban con un lustre metdalico; la boca entreabierta mostraba dientes semejantes a colmillos. jEra—si, era—el vampiro! CONniluCEOOOlKS.€O _~