ComicBooks.com Register / Loginit's free!

Pulp Fiction, 1981 · page 25 of 76

Llegada de un tren (Arrival of a Train) — page 25: what you’re looking at

📖 Open the full issue in the page-flip reader →
Llegada de un tren (Arrival of a Train) — page 25: Pulp Fiction, 1981

A restored page from Pulp Fiction, 1981. Page through the whole issue in the reader above.

📄 Transcribed text from this page (OCR, searchable)

Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

—Fso no tiene gracia —se irrit6 Ambler—, No existe ninguna estacion llamada Muerte, todos lo sabemos. —Pero los billetes estan extendidos a ese destino. —jMentira! Ese hombre debe ser un ilusionista, uno de esos farsantes que provocan alucinaciones colectivas. Y nos gast6 una fea broma, haciéndonos ver lo que no era. Yo comprobé ese billete en la estaciOn al recogerlo. Y su punto de destino era bien claro: York. —Mirelo ahora, por favor —pidi6 Orwell, conciliador—. Tal vez tenga usted razon, después de todo. Ambler hurg6 en sus ropas. Extrajo el cartoncito. Y lanz6 un grito de triunfo. Mostr6 el billete a la luz de la linterna. —jLo sabia! —bramé—. ;Lo ven todos bien? ;Mi billete esta expedido a York! Mira el tuyo, Hazel, por favor. Y ustedes hagan lo mismo. Le obedecieron en silencio. La pelirroja, timidamente, afirm6: —Adqui pone el nombre de York —confirmé—. Nada de «Muerte». —Fs cierto —acept6 Orwell —. Mi billete esta expedido para Newcastle. —Y el mio para Leeds —afirm6 la rubia Shirley. —Darlington es el nombre que figura ahora en mi billete —asinti6 Clemens, cenudo—. Tiene usted raz6n, Ambler. Ese tipo es un farsante y ha estado jugando miserablemente con todos nosotros. —FEl rayo no es ningtn juego —cort6 Orwell, tajante—. Y la muerte del senor Connery, tampoco. A eso, siguid un profundo silencio. Bruscamente, Ambler se abotonéd su negro impermeable y se «dirigid a la salida del compartimento. —Voy a bajar de este tren —dijo—. Veremos ddénde estamos y lo que ocurre al convoy. ;Alguien me acompana? —Yo iré con usted —acept6 Kevin Orwell—. Que el senor Clemens se quede cuidando de las dos sefnoritas. —Sera un placer —asinti6 Clemens. Y metiendo la mano en su maleta, extrajo otro objeto mucho mas contundente que una lampara eléctrica. Esta vez empunaba un revolver negro, calibre 38, que provocé cierto sobresalto en las dos mujeres. El las sonrid, sentandose frente a ellas, con el arma en sus rodillas—. No teman, senoritas. Si saco esto es, precisamente, para cuidar de ustedes. No vacilaré en usar el arma contra quien trate de hacemos dano. —Va usted muy bien preparado para una emergencia —coment6 Ambler con sarcasmo—. ;Vamos, Orwell? —Si, vamos —asintio Kevin. Caminaron los dos hombres por el pasillo, hasta alcanzar la plataforma del .solitario vagén. Al pasar junto al compartimento vecino, ambos echaron una mirada instintiva a la figura .inmovil. Yon