Pulp Fiction, 1981 · page 17 of 76
Llegada de un tren (Arrival of a Train) — page 17: what you’re looking at
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descamado de una calavera, sme comprende? Orwell asinti6, inc6modo. No era hombre facil de impresionar. Pero la forma en que aquel hombre extrano y tranquilo explicaba su vision, resultaba menos inquietante. — Esta seguro de que _ realmente vio eso? —-insistid, escépticamente. —No, claro que no lo vi —suspiré el otro—. Tuvo que ser, naturalmente, una de mis pesadillas. Ya le digo que dormitaba en ese momento. Abri mucho los ojos, creo que grité... y no habia nada ni nadie ahi cuando pude tener ciara consciencia de los hechos. Como ve, les he molestado intitilmente. Lo lamento muy de veras. —Fso no tiene importancia —rechaz6 Orwell cortésmente—, Pero creo que se equivocé al venirse aqui usted solo. ¢Por qué no viene con nosotros al otro compartimento? Alli la temperatura es agradable, y no se encontrara tan solo con sus pesadillas, si éstas se repiten durante el viaje. —No, gracias —se opuso de nuevo el extrano viajero, meneando negativamente la cabeza con una mueca que podia ser una sonrisa, pero que no lo parecia—. Estoy bien aqui, se lo aseguro. Ya no espero volverles a importunar con mis cosas, senor... —Orwell —dijo apresuradamente el joven pasajero—. Kevin Orwell. —Bien, senor Orwell. Puede volver con sus companeros sin cuidado Detesto el calor excesivo. Después de todo, no voy demasiado lejos, y puedo soportar unas pocas horas con esta temperatura, yendo bien abrigado. Buenas noches. Era un modo firme de despedirse de él sin mas rodeos. Orwell lo acept6 asi regresando al otro compartimento. El tren aceleraba ahora en un tramo recto, haciendo mas dificil su equilibrio al caminar por el desierto pasillo. La lluvia arreciaba por momentos, haciendo imposible ver nada en el exterior, aunque tampoco hubiera sido probable la visi6n dada la profunda, total oscuridad del paisaje. Sdlo en un determinado instante, desfilaron vertiginosas las luces de un apeadero en el que no se detuvo el tren, y sdlo les fue posible captar a través de la cortina de lluvia que corria torrencialmente sobre los cristales de las ventanillas, el simple halo de las luces lechosas y escasas, pronto engullidas por las profundas sombras nocturnas. — Qué ha sido por fin? —quiso saber el hombre del chaquetén de napa, con curiosidad, alzando su rostro del periddico que leia. —Como dijo el interventor, una pesadilla —miré en torno, suspird, sentandose en su asiento, mientras todos le miraban con cierto interés, y anadio con cierta sorpresa — : {Por cierto, dénde esta el empleado del tren ahora? —Fue a los lavabos —se quejo el de la chaqueta de piel —, Dice. .