Pulp Fiction, 1971 · page 69 of 76
Ballet Cósmico — page 69: what you’re looking at
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—No sabe lo que era ver a... a «aquello». Ni siquiera parecia ser Denton. Era..., era s6dlo una masa medio humana, medio liquida. Gaseosa también, si. Nauseabundo, comandante. De Dent6én solo quedaba su rostro, sus brazos, algo de su cuerpo. Lo demas era como pasta blanda, como gelatina o algo asi, reptando por el suelo hirviente, sin sentirlo. De esa especie de informe bulto gelatinoso, casi liquido, como barro purpura, subia un gas, una niebla hedionda, repugnante. Cuando disparé sobre su craneo..., creo que, en algtn rincén de su mente, despert6 algo de lucidez, de su propia voluntad indomable de ser humano, para darme las gracias, para reconocerme el favor que le hacia al acabar con aquella metamorfosis espantosa... Los demas habian oido lo que decia. Coplan sabia lo que era, porque lo habia vivido. Ebano solloz6 con mas fuerza, pensando acaso en lo que hubiera sido para él ver a su amada Ingrid de esa forma... El silencio era espeso, como una losa abatiéndose sobre todos los reunidos en la camara de la nave. Por unos momentos solamente se pudo percibir el zumbido de los sistemas de la gran computadora. Galaxy trabajaba a toda presion para averiguar la naturaleza de aquel ovoide dorado, y quiza incluso de lo que contenia en principio. —Hace calor aqui —jade6éd roncamente Barrow, secandose el sudor. —¢Calor? —Chang neg6, rotundo—. No, Doc. El sistema de refrigeraci6n funciona a toda fuerza. De no ser asi, en este maldito homo nos abrasariamos sin remedio. Este planeta echa fuego por todas partes. Perth comprob6 ese punto. Afirm6 con la cabeza. —Si, Doc —confirmé—. La refrigeracién va a tope. Pero el calor externo es muy intenso. Y nosotros estamos excitados... —Excitados, si. Y asustados. Las palabras de Alexis, frias y cerebrales, produjeron un movimiento de inquietud. Todos giraron la cabeza hacia él. —,Asustados? —indag6é Chang, no demasiado convencido de su protesta. —Fso es. Asustados, medrosos, cohibidos. Tenemos miedo. Mas miedo del que jamas tuvimos. Esa niebla es la causa. Esa niebla nos aterra. Mas que ninguna otra cosa. —Creo que nos asusta la niebla... y nosotros mismos. Habia hablado Ebano. Eran sus primeras palabras. Ya no sollozaba. Sus ojos enrojecidos aparecian serenos y como en calma. Miraban a todos con firmeza. —¢Qué quiso decir con eso, muchacho? —se interesé Barrow, enarcando las cejas. —Nos tenemos miedo, doctor. _ ? —dudé Ks ¢éNosotros? —dud6 Coplan, estremeciéndose Y.. Aes viando. la. S