Pulp Fiction, 1971 · page 68 of 76
Ballet Cósmico — page 68: what you’re looking at
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CAPITULO III Ebano atin sollozaba, acurrucado allA al fondo de la cdmara amplia de reuniones. Los demas guardaban piadoso silencio. Galaxy trabajaba sordamente, como contagiado del clima de recogimiento de a bordo en aquellos terribles momentos. —Pobre muchacho —murmur6 Nadia, oprimiendo un hombro de Ebano con calor—. El es quien mas sufre en estos momentos... Nadie dijo nada. Ebano seguia emitiendo ahogados sollozos de dolor. Entre sus morenos dedos estrujaba una prenda de Ingrid, patéticamente. Era todo lo que poseia ahora de ella. —Es horrible —mascull6 Héctor, incorporandose y dejando los controles de la computadora—. Y pensar que yo, yo mismo, tuve que hacerlo... —Exacto, comandante —dijo friamente Alexis—. Tuvo que hacerlo, recuerde bien eso. Todos tendremos que hacerlo si se presenta la ocasion. Es inevitable. Perth rog6 a Héctor que se apartase de la maquina electrénica. Se puso él en su lugar. Héctor, fatigado, se aproximé a Nadia. Ella le mir6 calidamente. —Estas agotado —murmuré—. {Por qué no descansas? —No —nego el comandante—. No puedo irme a descansar sin saber lo que la seccién de andalisis de. Galaxy nos dice sobre el estudio de ese huevo dorado. —Eso resolvera algo, Héctor? —No lo sé, Nadia. Posiblemente todo siga igual, pero quiero saber qué es esa niebla, qué clase de «criatura» o lo que sea, se aloja en esos huevos diabdlicos. Y por qué escapo la niebla ante mi, cuando podia ser facil presa suya. Y tantas otras cosas que no logro imaginar, Nadia. —Todos luchamos por entender, pero es inttil.,. —musit6 Nadia. Luego habl6 despacio—: Tt..., ti ya sabes ahora que los demas, la segunda patrulla... si encontr6 a Denton, ;verdad? Un silencio profundo. Luego, un asentimiento. —Si —sono hueca la voz de Héctor—. Lo sé ahora. Sé lo que tuvieron que hacer con él, maldita sea... —Pues bien. Perth tuvo que matarlo. Tuvo que hacerlo aunque le temblaba la mano. Y Ebano fue testigo. Por eso solloza ahora. Por eso no te reprocha nada, ni lo hara nunca. Porque vio a Dent6n... o lo que quedaba de él. Otro silencio. De un manotazo, Héctor se enjugé el sudor de su frente. Mir6 alterado, livido, ante si, a un punto del vacio. Perth giré la cabeza. Escuchaba la conversacion. Anadiia, abralclxe:co im _