Pulp Fiction, 1971 · page 61 of 76
Ballet Cósmico — page 61: what you’re looking at
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CAPITULO II Se habian formado dos grupos de busqueda compuestos respectivamente por Coplan, Ebano y Perth, y por Alexis, Chang y Barrow. Ambos armados con disparadores de cargas narcdticas muy concentradas. Y también con armas letales, de mortifero impacto. Con sus trajes espaciales, tras adoptar toda clase de precauciones, comenzaron a recorrer el desconocido mundo en que se hallaban. Las zonas pantanosas, los dinosaurios y las enormes aves similares a los terrestres pterodactilos de la prehistoria de su propio planeta, abundaban por doquier. Pero también habia yermos calientes, donde sus trajes térmicos podian resistir la temperatura del suelo sin destruirse, y por alli iniciaron la busqueda en tomo a la nave. Se habia reparado en lo posible sus destrozos, cubriéndolos con planchas elasticas de materia plastica, resistente y firme. Mas por evitar la entrada de la fatidica niebla, que para cualquier otra cosa. Uno de los monstruos apocalipticos de aquel mundo en formacion, lejano y hostil a sus primeros pobladores inteligentes, no tendria mucho trabajo ni siquiera para aniquilar la nave entera, en cuanto las radiaciones eléctricas de alta tensidn, que formaban su _ tnica proteccion actual en el casco, pudiera fallar con la dura epidermis de aquellas fabulosas criaturas ya extinguidas siglos y siglos atras sobre la Tierra remota de donde llegaron ellos. La niebla era su preocupacion constante. —La niebla —susurr6é Alpha, estremecida su morena belleza. Se volvié a Nadia y también a Ingrid, la platinada y hermosa mujer que, con ellas dos, formaba el trio femenino a bordo—. Me pregunto qué sera... —Formas de vida diferentes, insospechadas —Ingrid se encogio de hombros. La luz rojiza y espectral de aquel mundo increiblemente lejano, despidi6 reflejos fantasticos de su larga melena de plata—. Encontraremos cosas tan terribles aqui en estos confines del universo, amigas mias... —Me pregunto si habra valido siquiera la pena de todos nuestros afanes y esfuerzos por sobrevivir —dijo, cansadamente, Nadia. —Siempre vale la pena sobrevivir. O intentarlo, cuando menos — le reproché Alpha a la bella matematica—. Nadia, no desfallezcamos ahora. Creo que, aunque somos mujeres, ellos nos necesitan. Héctor, nuestro comandante, y todos los demas. Estan asustados. Aterrados, diria yo. Si nosotras revelamos nuestro propio miedo, tal vez los acomplejemos. Si nos ven llenas de valor y decisién, todo sera muy diferente... ConniclooOolkksS.c©