Pulp Fiction, 1971 · page 52 of 76
Ballet Cósmico — page 52: what you’re looking at
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fango volcanico, burbujeando siniestramente, los fulgores cardenos de lejanas erupciones, las cimas de oscuras cumbres sin arboledas, sobre un cielo tormentoso, cargado de nubarrones, que sdlo a veces, entre jirones, dejaban ver constelaciones ignoradas—. Un mundo poblado solo por monstruos prehist6ricos, en un rincén de cualquier galaxia, a miles de anos-luz de la Tierra. Hermoso punto de destino para los supervivientes de un mundo de locos y de suicidas... —No podemos quejamos, comandante —suspir6 Chang, meneando la cabeza—. Tenemos lo que hemos merecido. O quiza un poco mas. —De cualquier modo ya hemos visto suficiente —senald secamente Héctor—. Empecemos. — A qué, senor? —se interes6 Coplan. —A luchar, desde luego. Por nosotros mismos. —No podemos salir de la nave y de este cimulo de rocas donde estamos —comentd Nadia—. Todo lo demas es un suelo hirviente, blando, dantesco. —Lo enfriaremos. —é Qué? —Chang le miré, pensativo—. Cierto. Los generadores de frio de a bordo... Pero para ello hara falta que Galaxy funcione, que las baterias estén a pleno rendimiento. —Eso es lo primero que vamos a hacer, amigos mios —suspir6 Héctor—. Manos a la obra todos. Si nos es posible en pocos dias cubrir esa superficie de barro hirviente con una capa de hielo, ampliaremos nuestro radio de accién y pondremos dificultades a los monstruos de esta época. Asintieron, casi con entusiasmo incluso. Cuando regresaron a la nave, su gesto era infinitamente mas optimista que al salir y encararse por primera vez con el horror de un mundo de pesadilla. —Lo logramos... —Héctor se volvid, satisfecho, a los demas—. Vean... No sdlo se cubrid de hielo sdlido la zona, sino que se endurecio y enfrid una considerable costra de barro en la superficie, ayudando a afirmar la cubierta de hielo artificial creada por nuestros proyectores termogeneradores. Podemos movernos en un area de casi media milla cuadrada, lo cual nos permitira situar ahi unas defensas que nos protejan de cualquier ataque animal, mientras estamos dentro de la nave. —Eso quiere decir que casi estamos a salvo en principio... —se sintid entusiasmado Martin. —No echemos las campanas al vuelo. Todo sigue tan mal como antes. Situaremos cargas electrénicas en el exterior, y una barrera de fuerza magnética que detecte a cualquier intruso, provecte do. sobr € C@