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Pulp Fiction, 1971 · page 50 of 76

Ballet Cósmico — page 50: what you’re looking at

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Ballet Cósmico — page 50: Pulp Fiction, 1971

A restored page from Pulp Fiction, 1971. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

refirid el oriental, que no era hombre impresionable por cierto—. Maddox habia caido entre las rocas, a lo que parecia un lecho de fango, pero ese fango hervia, despedia burbujas y humo, como un mar de lava candente, y con un alarido horrible, Maddox se hundi6é totalmente en él, siéndome posible advertir su rostro abrasado y sus cabellos humeantes, antes de desaparecer por completo en la ciénaga en ebullici6n... —Fango ardiente —musit6 Héctor, livido—. Dios mio... Pobre Maddox. Dice usted que emiti6 un terrible grito, Chang? —Si lo hubiera podido oir, senor... Lo habia oido. Pero en otro punto del espacio-tiempo. En un lugar oscuro y sin formas. Viendo alejarse la figura desnuda de Maddox hacia el destino presentido por su mente extrasensorial... S6lo que no dijo nada. Permanecio callado, taciturno, como todos. —Debemos de estar en un mundo inhdspito y atroz —senald Perth, con voz ronca—. Entra calor por la grieta. Mucho calor. Sdélo se ven tinieblas y resplandores igneos si uno mira por las ventanillas. Los visores estan averiados, Galaxy no funciona... De repente, la nave se agit6 como sacudida por un tifon devastador, o movida por las manos de un gigante terrorifico. Crujiéd todo, sus ocupantes fueron de un lado a otro, dando tumbos por el suelo o golpeando los muros plasticos. Fuera, un pavoroso, enorme, ensordecedor bramido, conmovi6 la atmosfera. —é Qué es eso? —aull6 Alexis, descompuesto, tratando de manejar los controles desconectados por la averia en el computador central—. éQué mil diablos sucede afuera? —Es un monstruo... —jaded la voz de Ebano, estremecida, mientras el rostro del negro, de tono ceniciento ahora, se volvia, tras mirar por uno de los irrompibles huecos visores de la nave—. Un monstruo de enormes proporciones... Veo algo, una forma viva, escamosa, del grosor de una gran columna... Nos tiene aferrados, nos zarandea... Nadia lanz6 un grito pavoroso y corri6 a protegerse en los brazos de Héctor, al tiempo que senalaba a uno de los visores 0 ventanas del vehiculo espacial con mano trémula. —jMira! —chill6—. ;Mira ahi, Héctor! El comandante lo hizo. Palidecid. En el vidrio, perfectamente enmarcados, unos enormes, estrechos, diabélicos ojos amarillos, los contemplaban, voraz, malignamente... Se repiti6d el rugido temible, y el zarandeo que volteé de nuevo a todos, lanzandolos irnos contra otros en tremenda confusion. Héctor, sujetando del mejor modo posible a Nadia para evitarle cualquier dano, logr6é mantenerse aferrado a una baranda metalica, y jade6o con voz clara, que todos pudieron percibir a bordo: : MIGIOOKSEEO