Pulp Fiction, 1971 · page 48 of 76
Ballet Cósmico — page 48: what you’re looking at
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CAPITULO III —Comandante... gSe encuentra bien? Comandante, responda, por favor... Abrio los ojos. Mir6 ante si. Primero la visién fue borrosa. Descubri6 a Doc Barrow agitandole con energia, pero a la vez con suavidad. El estaba tendido en alguna parte. Debia imaginarlo, porque Barrow llevaba su plastico uniforme de astronauta. Y crey6 descubrir el techo plastificado, claro y aséptico, del interior dé la nave césmica. —No, no —gimié entre dientes, apretados sus parpados—. Mas alucinaciones no... —Por Dios, comandante, no delire mas... Vamos, diga cOmo se siente ya... —Delirar? —abrid los ojos. Ahora vio mas nitidamente las figuras. Si. Alli estaba Nadia, con su uniforme magenta; Alpha, de verde brillante; Ingrid, de plata, los demas de negro, azul, rojo, amarillo, violeta o cualquier otro tono de los asignados para diferenciar sus uniformes en cualquier ambito oscuro, gracias a la luminiscencia del material plastico de sus uniformes espaciales. —Decia incongruencias hace un momento —sonri6é Barrow—. Nos lleg6 a asustar su estado. Le administré una dosis sedante, pero... — Dosis sedante? ;Es que hemos recuperado todo: medicamentos, uniformes, todo? —Recuperarlo? —se sorprendi6o el médico, pestanmeando—. Jamas creo que lo perdiéramos, senor. —No, no puede estar hablando en serio... —se incorpor6, tratando de hablar, de protestar y decir algo, pero inmediatamente lanz6 un gemido y se echo atras, sintiendo que su cabeza iba a estallar de un momento a otro. Se llev6 las manos a los cabellos y descubrio el vendaje que envolvia su craneo—. {Qué mil diablos es esto, Doc? —Cielos, comandante, tuve que hacerlo asi. Con el impacto de la nave, su cabeza result6 herida, y sangraba en abundancia. Hube de aplicarle un hemostatico y... —j Por el amor del cielo, doctor, lograra volverme loco a este paso! —aull6 Héctor, pegando un salto y, pese a todo dolor, ponerse en pie, tambaleante. Gracias a Nadia y a Perth, no cay6 de bruces, sosteniendo precariamente su equilibrio—. jNo va a decirme que usted y todos los demas, olvidaron los momentos en que estabamos desnudos, abandonados en otra dimensi6n, universo o lo que fuese, sin poder acercamos siquiera a esta nave, de la que nos separaba la barrera invisible de los mismos limites del cosmos! eComicbhbooks.co®