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Pulp Fiction, 1971 · page 38 of 76

Ballet Cósmico — page 38: what you’re looking at

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Ballet Cósmico — page 38: Pulp Fiction, 1971

A restored page from Pulp Fiction, 1971. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

final de toda materia conocida, ;quién podia saberlo? Cuerpos' rosados, desvestidos, almas y_ seres_ desnudos, insignificantes y pequenos en la grandeza ignota de lo desconocido. Acaso en aquel «naturaleza convergente» de las teorias de Teilhard. Acaso mas, mucho menos. Y distinto. Muy distinto a cuanto el mas agudo y sensible fil6ésofo, tedlogo o investigador pudo imaginar. ¢Aterrador? Tal vez. sDecepcionante? Acaso. ¢Oscuro, enigmatico, posiblemente sdlo un portico tenebroso de un mas alla inimaginable? Si. Posiblemente si. Pero el portico, el umbral, la frontera, gde qué? ;De qué y en qué dimension supracdésmica? El ataque de demencia asalt6 a Maddox antes que a nadie. Empez6 con un terrible, largo alarido cuajado de horror. Luego ech6é a correr, como un poseso. Manoted, desesperado, y cuando Coplan trat6 de frenarle con fuerte mano, Maddox le descarg6é un golpe brutal en el rostro, lanzandole atras con violencia. Se alejé a grandes zancadas, jadeante, descompuesta la expresién, como alucinado, muy abiertos sus ojos, fijos desorbitadamente en alguna parte, en algtin punto remoto y quiza inexistente de la negra atmosfera en que se debatian. Sus gritos se repetian, agudos, perdiéndose en una distancia sin formas ni puntos de referencia, s6lo perceptible por la reduccion de la mancha rosada que era el desnudismo fisico de Maddox, idéntico al de sus doce companeros de césmica odisea. — Qué le sucede? —mascull6 Coplan, frotandose su mentén con gesto de dolor, agitado su rojo cabello tras el impacto que le arrojara al suelo negro y terso, de indefinible composici6n—. Es como si le hubiera picado algun bicho raro, maldito sea... —Esperen —cort6 Héctor, deteniendo a Ebano y a Alexis, que pretendian ir en pos del fugitivo—. Acaso Maddox vio algo que a nosotros nos esta vedado atin. —¢El qué, comandante? —rechaz6 el ruso—. No se ve nada, no se descubre nada alrededor nuestro. —Tal vez la desesperacion, el vacio, la sensacién de soledad, el silencio que nos envuelve... —sugirid Perth, acercandose al grupo, sombria la expresi6n. —No —neg6 Ebano, reflexivo—. Yo soy nervioso. Muy nervioso. Me enerva la soledad, me crispa el silencio, y odio la oscuridad. Fueron siempre sentimientos natos en mi desde pequeno. No supe dominarlos facilmente. Y ahora no siento nada. No tengo irritaci6n, ni sensacion alguna de claustrofobia, ni me enerva este Silencio, esta. C ©)