Pulp Fiction, 1940 · page 69 of 104
Aventuras de Jim Texas: El Rescate — page 69: what you’re looking at
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momento a otro. Zenker, nervioso, volvia continuamente la cabeza hacia atras, temiendo ver surgir a su espalda a sus perseguidores. No estaba seguro de haber enganado por mucho tiempo al sagaz Texas, y si éste descubria el verdadero rastro, le daria alcance de un momento a otro. Cuando lleg6 la noche, los caballos, que ya habian caido a tierra varias veces, se negaron a continuar, y Zenker, comprendiendo que no conseguiria que siguiesen avanzando, se decidid a buscar un refugio donde pasar las horas de sombra. Un chaparral espesisimo a su derecha parecié brindarle un seguro refugio. Hizo que el carro se introdujese por él, amonton6é ramaje en los huecos que podian denunciar su presencia, y, ya seguro de poder despistar a sus perseguidores, consinti6 en que el ganado fuese desenganchado, proporcionandole un descanso. Entonces, penetr6é en el carruaje donde Vera y Stella, repuestas de su desvanecimiento, se preguntaban donde se encontrarian, y qué iria a suceder después. Desde luego, adivinaban hallarse en poder de Zenker. Lo denunciaban asi las recias ligaduras que les imposibilitaban de todo movimiento, y, acurrucadas una junto a la otra, trataban de prestarse animos para un porvenir tan sombrio como el que les amenazaba. Cuando vieron entrar a Zenker, temblaron de angustia. La presencia del cruel secretario no sdlo les producia asco y miedo, sino que les hacia temer un funesto e inmediato desenlace. Zenker sonri6 tragicamente al descubrir que habian recobrado el conocimiento, y exclam6o: —Magnifico viaje, ¢no es cierto? Como podran apreciar, soy un hombre de recursos, al que no es facil doblegar ni aun en los momentos mas graves. Desat6 las ligaduras de los pies de ambas muchachas, y ordeno: —Salgan a tomar un poco el fresco; les conviene. También les puedo ofrecer algo de comer. Una cosa es que esté dispuesto a deshacerme de vosotras sin compasi6n, y otra que apele a tormentos inttiles. Las muchachas se pusieron en pie trabajosamente, y, sufriendo fieros calambres, pudieron descender del vehiculo saltando al cConniclooolks C@©