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Pulp Fiction, 1940 · page 62 of 104

Aventuras de Jim Texas: El Rescate — page 62: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: El Rescate — page 62: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

El tiro no debia haber causado gran destrozo en sus duras carnes. Sentia un escozor terrible en la espalda, pero el frescor del agua lo apaciguaba y como era un excelente nadador, le bast6 dejarse llevar por la riada, permaneciendo atento a no dejarse lanzar contra las duras paredes por donde se deslizaba encajonada la torrentera. Mala era su situacién, pero peor lo hubiese pasado en la explanada, acosado por las fieras huestes de Texas y casi llegé a agradecer el traicionero disparo de Zenker, que le habia servido para escapar con vida de la encerrona. Pero Jack no era hombre que perdonase un pago horrible como aquel. Ignoraba si Zenker habia podido escapar a la persecuci6n de su secular enemigo, pero si asi habia sido y él lograba escapar a su vez del peligro que le rodeaba, le prometia vengarse cumplidamente de él. Conocia el emplazamiento del refugio donde Zenker pensaba recluir a las muchachas. Habia tomado parte en el plan para burlar a Texas y si conseguia remontar aquella situaci6n, se presentaria en el refugio y mal lo iba a pasar aquel reptil que tan mala pasada le habia jugado. Dejandose llevar por la corriente, miraba con angustia a derecha e izquierda los altos taludes que cerraban el cauce y se preguntaba con ansia, si todo el recorrido de la catarata estaria encerrado entre aquellas paredes inescalables, pues no mereceria entonces la pena haber escapado a un peligro tan tragico, para sufrir otro mucho mas angustioso y cruel. Ahora, la permanencia en el agua le iba resultando insoportable. El manantial debia proceder de algun glaciar de la montana y el agua parecia un mazo de hielo flagelandole las carnes. Aparte esta molestia horrible, le preocupaba la herida de la espalda. La habia recibido casi en el costado derecho y le escocia terriblemente. Suponia que con la presiOn y la frescura del agua, debia haber dejado de sangrar, pero no estaba seguro de ello. Ansiosamente seguia nadando con calma, evitando las peligrosas revueltas del cauce y cuando ya se sentia casi sin animos para soportar el lacerante frio que paralizaba la sangre en sus venas, observ6 que los taludes iban descendiendo gradualmente, cosa que le reanimo. Si, por fin, encontraba un lugar propicio para cConniclooolks C@©