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Pulp Fiction, 1940 · page 44 of 104

Aventuras de Jim Texas: El Rescate — page 44: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: El Rescate — page 44: Pulp Fiction, 1940

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que nunca habia sonado poseer. Se entregaba a estas meditaciones, cuando stbitamente, desde unas alturas que dominaban aquel pequeno llano, vibraron varias detonaciones siniestras. Dos de sus hombres, alcanzados por los proyectiles, quedaron pegados a las piedras, sin tiempo a poder llevar las manos a las armas, y el resto, sintiendo silbar las balas a su alrededor, consiguieron parapetarse detras de los penascales junto a los que se hallaban recostados. Wolff, al que le habia rozado un hombro uno de los proyectiles, salt6 como un muelle, empunando el arma y dispar6é certeramente sobre una rubia cabeza que asomo osadamente por el borde de la cresteria. Su magnifico pulso y golpe de vista le facilitaron el blanco, y el enemigo alcanzado se escurri6, dejando asomar medio cuerpo colgando por el parapeto. Wolff lanz6 una exclamacién de asombro al comprobar que su atacante vestia una camiseta listada que le denunciaba a la legua, y, barboteando maldiciones, rugi6: —jMarineros desertores! ;Aprendices de pistoleros!... jAdelante, muchachos; son peces de agua dulce!... jBarredlos como paja arrastrada por el viento!... Y, dando el ejemplo, abandono la explanada y, deslizandose por las fisuras que formaban los penascales, avanzé6, buscando la manera de asaltar por la espalda el monticulo que servia de parapeto a los secuaces de Zenker. Este, dandose cuenta de la maniobra, y observando que Vera y Stella habian quedado desamparadas, rugio: —Jack, haz que tus hombres les alejen de ahi. Voy a saltar para apoderarme de ellas otra vez. Jack dio una orden, y los marinos, deslizandose por la rampa, se alejaron un buen punado de metros, atrayendo a Wolff hacia alli, mientras Zenker, osadamente, exponiéndose a romperse una pierna, saltaba al claro y corria con el revélver empunado hacia el lugar donde Vera y Stella se habian refugiado huyendo de los tiros. Cuando Vera se dio cuenta del peligro y llevé la mano al pecho para sacar el revolver, ya era tarde. Zenker, con los ojos desorbitados, se arroj6 sobre ella, y brutalmente, conociendo su impetu, le aplic6é un golpe en la cabeza con la culata del arma, haciéndola perder el sentido. cConniclooolks C@©