Pulp Fiction, 1940 · page 43 of 104
Aventuras de Jim Texas: El Rescate — page 43: what you’re looking at
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recoger todo su menaje. Los muertos podian quedar alli, pues no tenia tiempo que perder enterrandoles. La cuadrilla se agrup6 y se puso en marcha, ascendiendo a su derecho por unas trochas angostas cubiertas de espesa vegetacion. Stella y Vera habian sido montadas sobre los dos caballos de los forajidos muertos, y dos bandidos las vigilaban atentamente. La subida era aspera, y tardaron mas de dos horas, dando muchos rodeos, en alcanzar un descampado rodeado de enormes penascales, que parecian desprendidos desde lo alto de la montana por un horrible, cataclismo. Formaban un laberinto de altos mojones de piedra, como los peones de un juego de ajedrez. De lejos se captaba el rumor sordo de una catarata volcandose bravia en un fondo impresionante, y Vera capt6 el rumor, un poco nerviosa. Por fin acamparon, haciéndolas descender de los caballos y senalandolas como refugio del fuerte sol un sombrajo de hierba sobre unas ramas de arbol. Wolff se qued6é mirando a Vera al descubrir que escuchaba con atencion el sordo rumor de la catarata, y exclamo: —Le gusta la musica? Tiene veinte metros de profundidad y se pierde donde nadie se atrevié a bajar nunca. Es un bonito salto para quien se muestra rebelde a mis 6rdenes. Le puedo asegurar que he visto a dos saltar en el vacio por no tener dentro de la cabeza nada mas que piedras como estas. Vera no contest6, pero sintid un hondo estremecimiento. Adivinaba el significado de sus frases, pero estaba dispuesta a consumir el plazo otorgado antes de ceder. Algo le decia al corazén que con el tiempo transcurrido Texas debia haber intentado un registro en el monte, y confiaba en él ciegamente. Los bandidos, sin nada mejor que hacer hasta recibir 6rdenes de su jefe, se diseminaron a la sombra de los penascales, encendiendo sus pipas o medio durmiéndose a la caricia del acariciante aire que soplaba. Wolff se apart6é de las dos prisioneras y, encendiendo también su pipa, se entreg6 a una honda reflexién. Estaba convencido de que Vera accederia a su propuesta, y estaba trazando planes para conseguir el canjeo sin peligro y pensando en lo que un dia, no tardando mucho, haria al otro lado de la divisoria con un caudal cConniclooolks C@©