Pulp Fiction, 1940 · page 24 of 104
Aventuras de Jim Texas: El Rescate — page 24: what you’re looking at
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Media docena de forajidos se dirigieron al lugar donde tenian escondidos sus caballos y se dispusieron a emprender la busqueda. El terreno no se prestaba a una fuga muy facil, pues los farallones altos, desnudos y repelentes cerraban casi todos los caminos, y parecia cosa facil poder seguir una pista para encontrarles. Pero cuando desembocaban del canén a una especie de pequeno valle que se abria al final, uno de los que marchaba en cabeza lanz6é un grito de aviso. Entre un macizo de reseca verdura acababa de descubrir algo que le llam6 la atenci6n. Se trataba del calesin que Jack habia camuflado antes de acampar en la fisura. Al acercarse, varios gritos de rabia brotaron de sus gargantas. El vehiculo estaba alli, pero los caballos habian desaparecido. A todo galope volvieron grupas para dar cuenta a su jefe del descubrimiento, y éste, trasladandose al lugar donde se encontraba el carruaje, adivino la verdad. —jMaldicién! —rugid—. j;Han huido en los caballos de ese diablo de carromato! Somos unos esttpidos al no haber pensado que no podian haber llegado a pie. Ya es inutil que os molestéis en perseguirles. Llevan una ventaja de varias horas, y seguramente habran alcanzado la salida de este lado de la montana. Tendremos que conformaros con las muchachas. Malhumorado regreso al lugar donde habian quedado Vera y Stella. Ambas nerviosas, esperaban el regreso del bandido, pues adivinaban que algo grave habia sucedido durante la noche. Wolff, rabioso, exclam6, encarandose con Vera: —Senora, el reptil de su marido ha conseguido fugarse con ese otro tipo que le acompanaba. Han matado a uno de mis hombres y han huido con los caballos del calesin. Ahora, tendré que conformarme con ustedes y tratar de lo que habiamos hablado ayer. Vera respiré, aliviada hasta cierto punto. La fuga de Zenker podia preocuparle para el porvenir, pero de modo inmediato se veia libre de su influencia. Ahora todo se circunscribia a un simple rescate, y, decidida a negociar con mas ventaja, exclam6: —Lo siento. Han dejado ustedes escapar a un reptil demasiado venenoso y, con él, un buen punado de miles de ddlares. El bandido frunci6 el entrecejo, preguntando: cConniclooolks C@©