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Pulp Fiction, 1940 · page 86 of 100

Aventuras de Jim Texas: El monstruo ataca — page 86: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: El monstruo ataca — page 86: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

La noticia, publicada con quince dias de antelacion, fue leida con interés en toda California. Texas gozaba de una enorme popularidad en todo el Estado y mucha gente se consideraba de antemano invitada al enlace. El anuncio se dio a conocer, como era légico, en los periéddicos de Sacramento y entre los muchos habitantes del poblado que la leyeron, figuraba un viajero que se hospedaba en el Hotel Nevada, desde hacia bastantes dias, y que a juzgar por su aspecto parecia un misionero. Dicho viajero, que habia dado por nombre el de Joe Smith, vestia severamente de negro, tocaba su cabeza rapada con un sombrero también negro, aplastado y de amplias alas, y siempre caminaba con la cabeza baja y las manos entrelazadas, como si se dedicase a la oraci6n perpetua. Pero aquel disfraz no ocultaba un redentor de almas, sino la odiosa figura de Oliverio Zenker, quien tras una fuga accidentada cuando ya se veia colgado de una rama, habia decidido esconderse en una poblaci6n tan populosa como Sacramento. Alli no sdélo podia pasar mas desapercibido, sino que se encontraba no muy lejos del lugar donde moraba su implacable enemigo. Zenker no renunciaba ni mucho menos a_ vengarse cumplidamente de Texas y de Spack, sino que estaba dispuesto a jugarselo todo a una carta decisiva con tal de poder llevar adelante Sus siniestros proyectos. El osado ex secretario rechind los dientes con ira al leer la noticia y estrujando el periddico nerviosamente, murmur6: —Bien, veremos si consigues gozar de esa felicidad con que tanto suenas. Yo ain no he muerto y tengo que darte mucha guerra. Al dia siguiente tomo el tren y se dirigi6 al lugar donde debia celebrarse la ceremonia. Queria estudiarlos sobre el terreno para si se le ocurria algo diabdlico, asentar los cimientos en base segura. La iglesia, fuera del poblado, habia sido levantada al borde de un terreno abrupto y rocoso. El lugar era pintoresco y selvatico a la par y se prestaba a ocultar entre sus riscos y vericuetos a quien tuviese interés en no ser visto. Zenker paseO con un libro de oraciones en la mano por la cConniclooolks C@©