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Pulp Fiction, 1940 · page 80 of 100

Aventuras de Jim Texas: El monstruo ataca — page 80: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: El monstruo ataca — page 80: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

Stella a su vez intervino para advertir: —No insistas, Vera, la cuestidn es una, que todos estamos reunidos de nuevo y esta vez bajo el signo de la mas completa lealtad. Lo pasado, pasado. Todos sufrimos quebrantos por ello y estamos compensados con el resultado final. —Tienes razon Stella y sdlo espero que mi padre tan convencido como yo de que hemos obrado mal y de que debemos eterno agradecimiento a tu prometido, renuncie a esta lucha esttpida y jure como yo estar siempre al lado del bien y de la justicia. —Hija mia, esa promesa se la hice a Texas el dia que nos enfrentamos por ultima vez y lo he cumplido. No sélo renuncio a luchar con él, sino que le he rogado que acepte cuanto soy y cuanto tengo si lo necesita para proseguir la lucha. Atn no ha concluido ésta, hija mia. Durante un momento, creimos haberla puesto fin entregando en manos de la justicia al monstruo que inspir6 nuestros actos y arruind moralmente nuestras vidas, pero la fatalidad hizo que se fugara cuando ya tenia la soga al cuello. Yo le conozco bien y sé que ahora mas que nunca usara de todo su poder para vengarse de lo que él considerara una traici6n y que nuestras vidas estaran en constante peligro, pero asi como Dios ha estado hasta ahora del lado de quien luchaba por el bien, confio en que de aqui en adelante nos proteja a todos y por fin logremos salir victoriosos. Vera, angustiada, le hizo sentar a su lado pidiendo ansiosamente detalles de lo ocurrido en ausencia de Texas y el millonario modestamente, quiso que fuese el propio Jim quien hiciese el relato. Cuando el osado aventurero dio fin a él, las muchachas tenian los ojos llenos de lagrimas de angustia y un estremecimiento de pavor agitaba sus cuerpos. El relato macabro de la muerte de la infeliz muchacha del bar y la audacia y sangre fria de Zenker para llevar adelante su tragica comedia, les horrorizo. —Fsto da la medida de lo que es capaz ese reptil —dijo angustiada Daphne, abrazando amorosamente a su hijo—. Jamas me consolaré que este dulce retono lleve en sus venas sangre de ese malvado. —Procuraremos que jamas lo sepa —dijo Stella—. Algun dia encontrara usted un hombre bueno y leal que sepa amarla como merece y vea en él un verdadero hijo. —jOh, no! —afirmo ella suspirando—. El amor me esta ya cConniclooolks C@©