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Pulp Fiction, 1940 · page 8 of 102

Aventuras de Jim Texas: Luchando en la Sombra — page 8: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: Luchando en la Sombra — page 8: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

Jim, que habia escuchado el relato sin interrumpirla, exclamo: —Estoy por creer que me has dado la solucién. Lo que me alegraria saber donde esta oculto. —Para correr de nuevo en su busca? —pregunt6 ella alarmada. —FEso dependeria de él. Si las promesas de Vera son ciertas y se dedica unicamente a vengar la tragedia de su hija, estoy dispuesto a olvidar lo sucedido entre nosotros. No puedo olvidar que Vera me ha salvado la vida dos veces y la ultima con exposicién de la suya, pero necesito una seguridad. Otra cosa seria exponerme a ser cogido de improviso y tu sabes que esos granujas son hombres excepcionales para el mal. —Tienes raz6n, pero ¢cOmo poder averiguar la verdad? —Quién es capaz de saber si Zenker se ahog6 y si mi tio esta dispuesto a someterse a la decisi6n de mi prima? Solamente si dieran senales de vida, podria saberse. —Claro esta, y mi temor es que la primera chispa pueda prender un incendio que nos coja en el centro. Realmente la fuga de Vera me tiene desorientado. Stella, comprendiendo que Jim se entregaba a la preocupaci6n, quiso aliviarle diciendo: —Tenemos la ventaja de que aqui encerrados es mas dificil sufrir una sorpresa. —Te olvidas de tu rapto? A veces, los actos mas audaces y descabellados son los que salen mejor precisamente porque los crees mas absurdos y no te precaves contra ellos. —FEstaremos precavidos, Jim. Yo creo que esta vez han quedado deshechos. Quién sabe si mi prima, una vez reunida con su padre, da senales de vida y te confirma su decisi6n de renunciar a la lucha. —Daria cualquier cosa porque asi fuese. En cambio, me alegraria que Zenker sacase otra vez el cuello y lanzase su reto. No me resigno a ceder a nadie el derecho de acabar con él fieramente. Stella se estremeci6. Conocia a Jim y sabia de sus nervios cuando se convertia en el hombre terrible que llevaba dentro. Estaban discutiendo el asunto, cuando la joven recordando algo dijo: —Se me olvidaba, Jim. Hace muchos dias que tengo una carta para ti. — Una carta, de quién? —pregunt6 él extranado. cConniclooolks C@©