Pulp Fiction, 1940 · page 72 of 87
Aventuras de Jim: Texas — La carrera de la muerte — page 72: what you’re looking at
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protegiéndose con ella como con un escudo, se lanz6 en tromba sobre la puerta, decidido a penetrar por aquel peligroso vano. La mesa mas ancha que el hueco, le impidié tal propdsito al primer intento, quebrandose en el envite, pero Nino retrocediendo, arrojo los restos de la mesa y tomando otra repiti6 el ataque. El delgado tabique de madera se quebr6 al impetu de tan brutal empuje y Nino, paso por el hueco protegido por el tablero de la mesa, pero esta vez nadie dispar6 contra él. Pronto se dio cuenta de que el pasillo estaba vacio y al descubrir la puerta cerrada que daba al despacho la abrié de una terrible patada, descargando uno de sus revolveres contra el interior antes de decidirse a penetrar. Nadie contest6 tampoco a la mortal provocacién y cuando entr6é en él, lo hall6 vacio. Sobre la mesa, descubri6 un arrugado monton de papeles Ilenos de numeros, algunos billetes caidos en el suelo, una banqueta tirada en un rincon y la mesa medio atravesada, pero nada mas. Se revolvid como un reptil buscando al intruso que habia disparado desde aquel lado sin descubrirle. Unicamente observ6 una puerta cerrada que debia dar al exterior. Furioso, pretendi6 abrirla, pero ésta no cedid. Debia estar atrancada desde, fuera y por alli habia huido sin duda el traicionero secretario. Nino con su impetuosa ferocidad, se dej6 caer sobre la puerta varias veces, hasta astillarla con su terrible fuerza y cuando consiguid pasar por el destrozado vano y salir fuera, pudo comprobar que por aquel lado se aseguraba por medio de una barra de hierro que encajaba en unos soportes del mismo metal. La barra habia saltado uno de los soportes, dejando libre paso. Al otro lado, se alineaban unos barracones y mas alla, el trazado de la linea mostraba terraplenes a medio allanar, socavones formando embudos, railes de estrecha via para arrastrar el material por medio de vagonetas, estas alineadas en la via, pilas de herramientas y cajones con vigas y traviesas y un maremagnum de utensilios propios de tan gigantesco trabajo, pero no pudo descubrir rastro alguno de Zenker. Como un lobo ote6é por entre aquel caos de material buscando al cruel secretario, pero sus esfuerzos fueron inttiles. Zenker debia haber aprovechado el breve paréntesis que medio desde que disparara contra el mejicano hasta que este pudo forzar la puerta para desaparecer en las tinieblas de la noche. Nino enfurecido y angustiado por la situacidn en que habia COMICOOKS C@©