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Pulp Fiction, 1940 · page 70 of 87

Aventuras de Jim: Texas — La carrera de la muerte — page 70: what you’re looking at

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Aventuras de Jim: Texas — La carrera de la muerte — page 70: Pulp Fiction, 1940

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

dos balas en el costado de Charles, que termino por caer a tierra tratando de sacar el arma para disparar desde ella. Fue en momento de estupor que hizo retroceder a los obreros de la linea que bebian serenamente, adivinando que algo grave iba a suceder, pero en aquel momento, una docena de clientes llevaron las manos a los costados y doce revélveres se dispusieron a funcionar. Pero ya Nino y Texas que habian adivinado que aquella chusma formaba parte del plan para atacarles, se habian parapetado tras las mesas tomandolas como escudos y sus revélveres tronaban siniestramente. Dos de los pistoleros se inclinaron hacia atras alcanzados cuando se disponian a disparar, otro, recibi6 un .tiro en una mano cuando disparaba sin poder fijar la punteria y cuando varias balas se clavaban en los recios tableros de las mesas de manera inofensiva, Nino que no podia soportar el silencio en que habia estado sumido tanto rato, grito: —jAdelante, manito!, barramos a estos sapos o asi, jmaldita sea Sonora! ;Andate ya, que ahora llegaran los nuestros a echarnos una mano! Tumbé6 de un tiro a otro que pretendia cazarle por detras de las derrumbadas mesas y Jim alcanz6 en una pierna a otro que se arrastraba buscando la forma de colocar sus proyectiles por debajo del improvisado escudo que se habian agenciado. La habilidad de la valiente pareja disparando, su fina punteria y las palabras de Nino anunciando que iban a recibir refuerzos, desanim6 a los pistoleros que por otra parte se _ hallaban desanimados al saber caido a su jefe y alguno gano la puerta tratando de huir. Texas derribé6 a uno de los fugitivos y el resto trat6 de buscar la salida por la puerta que comunicaba con la parte interior de la barraca. Pero cuando iban a alcanzarla, vibraron dos secas detonaciones en el interior, seguidas de un rugido de dolor y _ casi inmediatamente, surgia en el vano la silueta de Jimmy Tirrel chorreante de sangre. Se apoyO un momento en el quicio de la puerta incapaz de seguir adelante y murmur6: —jAsesino!... j;Ahi dentro... esta... me ha herido... por la... espalda... es un cobarde! Y en un supremo esfuerzo de voluntad, grit6 roncamente: —Texas... es él... Zenker... que ha... Cayo de bruces al suelo en medio de la consternaci6n general. Los pistoleros habian aprovechado el momento para ganar la salida COnniclOolks C©