Pulp Fiction, 1940 · page 6 of 87
Aventuras de Jim: Texas — La carrera de la muerte — page 6: what you’re looking at
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Dejaron abandonados los caballos y consiguieron tomar el primer tren descendente hasta la citada localidad, pero la idea de Zenker no era continuar la huida l6gicamente hacia el Sur. Preferia volver sobre sus pasos para acercarse mas a su terrible enemigo, seguro de que éste no sospecharia su audacia. Asi, al llegar a Santa Rosa, tomaron asiento en un tren que se dirigia a Sacramento y alli, sin perder minuto, otro que subiendo hacia el Norte les condujo a Reno. Solamente cuando se vio en la capital fronteriza de California con Nevada, se consideré bastante seguro. Llevaban dos dias y medio de continuado rodar por trenes sin casi pegar un ojo y necesitaban un prolongado descanso. Vera no habia vuelto a desplegar los labios ni a_ hacer insinuaci6n alguna. Dejaba a Zenker la direccién del asunto y su mente solo se hallaba embargada en pensar en su padre por cuya suerte lo temia todo. Cuando desembarcaron en Reno, Zenker dijo: —Creo que ahora podemos descansar antes de tomar iniciativa alguna. Texas, jamas podra sospechar que nos hemos colocado a su espalda y que nos encontramos de nuevo casi frente a sus posesiones. La audacia sirve muchas veces para desconcertar a los audaces. Se dirigieron a un modesto hotel de la periferia del poblado. Zenker pensaba pasarse durmiendo veinticuatro horas para desquitarse de las vigilias y fatigas sufridas. El secretario solicité dos habitaciones contiguas y cuando cruzaban el vestibulo para subir al piso, se envard. En el mostrador del bar, acababa de descubrir a alguien cuyo encuentro le habia sugerido de pronto algo grande y endemoniado. Dando a Vera en un brazo, dijo: —Octipese de nuestro pobre equipaje y espéreme en su habitaci6n. Veo alli a alguien que nos puede ser muy Util y voy a hablar con él. La joven intrigada, echo un vistazo al bar pero como en él habia bastante gente, no acert6 a fijar su atenci6n en determinada persona. Obedeci6é maquinalmente la orden de Zenker y ascendi6 al piso, mientras el secretario penetraba decidido en el bar, dispuesto a llevar adelante sus planes. Una hora mas tarde, se presentaba cansado en la habitacioén de Vera. A pesar de la palidez de su semblante, se le observaba satisfecho y contento. (a cConniclooolks C@©