Pulp Fiction, 1940 · page 58 of 87
Aventuras de Jim: Texas — La carrera de la muerte — page 58: what you’re looking at
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abrié y ley6 su contenido, un furor sin limites le invadio. El telegrama firmado por el capataz, decia escuetamente: »Sin saber causas, prodtjose incendio, noche tormentosa en pabell6n que guardaba_ preso. Pabellén ardid rapidamente. Registrados restos, no pudimos descubrir rastros prisionero. Fue imposible penetrar durante incendio. Senorita Stella bien. James. Texas con el telegrama en la mano quedo pensativo. No acertaba a explicarse c6mo pudo producirse el siniestro, c6mo ocurrié tan violento que no permiti6d penetrar dentro y cOmo no se habian encontrado restos de Spack y la sospecha de que algo extrano hubiese sucedido, le invadio. Llam6 a Nino y mostrandole el telegrama pregunto: — Qué opinas tu de esto, Nino? Este se rasco la fosca pelambrera y repuso: — <Yo? jMaldita sea Sonora!... Pues que esto me huele a gringo, manito... Eso de que no hayan encontrado restos o asi de ese tipo, no me parece bien creo yo. Los huesos tendria me parece a mi y los huesos... debieron aparecer aunque fuesen tostados, jrepinto! —Dices bien, Nino. Yo creo que algo raro ha sucedido... Esta gente es muy audaz y pueden haber aprovechado nuestra ausencia para intentar salvar a Spack. ¢Para que han intentado sacamos del rancho si no ha sido para maniobrar libres de mi presencia? jHe sido un esttpido en obrar tan precipitadamente! A lo mejor, ahora ya no les importa nada y si han salvado a Spack, ni se molesten en acudir aqui. —jMaldita sea Guadalajara! ;Y para eso hemos hecho este viaje tan soso, creo yo? jEs como para, romperse el coco contra la pared! —Bueno Nino, que le vamos a hacer. Voy a telegrafiar ahora mismo insistiendo en que vigilen a Stella mejor que nunca y esta noche visitaremos otra vez el campamento y ese maldito antro. Si no acude nadie, manana tomamos el tren y nos volvemos al rancho. —Yo no me iria sin antes quemar ese garito, jrepinto! Cuando nos han citado aqui, algo sabria el pringao que lo regenta. —Quiza tengas raz6n. Veremos que sucede esta noche. Texas puso el telegrama y regres6 al hotel donde se hospedaban. Elko en aquellos momentos, presentaba una _ animacién extraordinaria. El tendido de portatiles levantados en horas, unos con relativa comodidad y lujo y otro sin comodidad alguna, le habia convertido en un lugar estratégico para el porvenizoyatosessles C@©