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Pulp Fiction, 1940 · page 55 of 87

Aventuras de Jim: Texas — La carrera de la muerte — page 55: what you’re looking at

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Aventuras de Jim: Texas — La carrera de la muerte — page 55: Pulp Fiction, 1940

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

pistolero acudi6 en su busca. —Ya lo tengo todo preparado. Manana detendré el exprés de Reno. Esperemos, que vengan en él. Zenker no le dijo que pensaba asistir como espectador del drama. Tenia miedo a un fracaso en el que ademas del peligro que representaba Texas, podian volverse contra él sus propios aliados y denunciar su presencia cercana. Asi, cuando la cuadrilla abandono el poblado para situarse cerca del lugar donde el tren debia descarrilar, buscé6 unos terraplenes en el lado opuesto y desde alli escondido entre la maleza, espero. Fue para él una sorpresa el que el tren no se detuviese como Paul le habia prometido. El bandido no se molesté en cumplir su plan, por el contrario, hombre sanguinario y amargado, destacé dos hombres que tenian la orden de matar al maquinista del tren en el puente, para que el convoy descarrilase y si era posible, Texas y quien le acompanase muriese en la catastrofe. Zenker no fue responsable de aquella catastrofe de modo directo y asi, cuando se dio cuenta del plan de Paul, se llevé las manos a la cabeza, aterrado, y se pregunt6 que iba a suceder. Desde su escondite, asisti6 al fracaso de la cuadrilla y aterrado, espoleando un caballo que habia alquilado en el pueblo, se alejé al galope de él hacia el Este, temeroso de la responsabilidad que le cabia. Tuvo que caminar dos dias por un terreno arido y escabroso hasta alcanzar a cuarenta millas del punto de partida otro ramal de la linea que subia por el pueblo de Bridges y que empalmaba con la linea general de Houses, para seguir directamente hasta Elko. Cuando realiz6 el transbordo ya circulaba nuevamente el tren directo y por viajeros y empleados, supo algunos detalles del final de la aventura. Todos los bandidos habian muerto, pero nadie hacia alusién al verdadero motivo del siniestro y todos lo achacaban a un asalto de forajidos que pretendian robar a los viajeros. Zenker lleg6 a Elko dos dias después que Texas y tuvo que tomar muchas precauciones para llegar al hotel donde Vera llevaba esperandole con angustia muchas horas. A la joven le bast6 observar el gesto agrio y de cansancio del secretario, para adivinar que nuevamente habia fracasado. —Otra victoria malograda?— pregunt6 ella irénica. Zenker rechin6o los dientes y rugi6: —Si y parece que se alegra usted de ello. —No, no me alegro, por propio egoismo, pero me siento rabiosa comicloolks C@©