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Pulp Fiction, 1940 · page 53 of 87

Aventuras de Jim: Texas — La carrera de la muerte — page 53: what you’re looking at

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Aventuras de Jim: Texas — La carrera de la muerte — page 53: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

atencién. Se trataba de un individuo de no muy recomendable aspecto. Vestia un poco derrotadamente, pero lucia al cinto un soberbio «Colt». Zenker le mir6 un momento y al reconocerle, ahog6é un grito de alegria. Volviéndose a Vera, dijo: —Escuche, Vera, no hay tiempo que perder. El tren va a partir dentro de cinco minutos y me quedo aqui. —, Como? —Si, escuche. Aquel individuo que ve alli recostado, es uno de los mejores hombres que empleaba su padre en asuntos peligrosos. Huy6 con vida cuando el asunto de la presa alla en Texas y no hab{a vuelto a saber de él. Este puede ayudarnos a salir al paso de Texas y liquidarle. Es hombre a quien nada le asusta. —Pero... —Usted seguira el viaje hasta Elko y me espera en el hotel Washington, Yo voy a ponerme al habla con él y si cuenta con gente, podemos intentar el golpe en el viaje. Libre de usted podré maniobrar con mas desahogo si la cosa no resultase bien. —Pero... ¢volvera usted alli? —En cualquiera de los casos. Ya le he dicho que tengo intereses en la linea. El «Vanity Fair» es un buen negocio del que no me ocupo hace algtin tiempo. Aparte de eso, alli estaremos mas seguros de momento. Vera se resigno. El tren anunciaba su marcha y Zenker salto al andén cuando la locomotora empezaba a rodar. Salud6 a Vera con la mano y luego se dirigi6 lentamente hacia el individuo, quien con la pipa entre los dientes miraba de una manera furtiva en derredor. Pronto descubri6 a Zenker y sus ojos duros y frios se clavaron en él con insistencia, pero de repente, se arranco la pipa de la boca y abrio ésta con el mayor asombro. Zenker le hizo un gesto amistoso indicandole la salida y el pistolero entendiéndole, esper6é a que desapareciese del andén para seguirle. Cuando estuvieron fuera, se acercoé a él exclamando: —Pero, senor Zenker, ¢cOmo diablos usted por aqui? —Y tu? —Yo... pues... tuve que cambiar de clima... No es este muy alimenticio, pero si algo mas seguro... gQué hace usted viajando por la linea? —Es largo de contar, Paul, pero buscaba un hombre de tu temple para un asunto peligroso. ¢Tienes algo importante a la visa? COnniclOolks C@©