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Pulp Fiction, 1940 · page 36 of 87

Aventuras de Jim: Texas — La carrera de la muerte — page 36: what you’re looking at

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Aventuras de Jim: Texas — La carrera de la muerte — page 36: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

bruscamente: —Nada extrano, Vera, simplemente ponerle en contacto con usted. Puesto que le interesa tanto la vida de ese hombre, :para qué me voy a exponer tontamente? Ella reaccionando, repuso: —No diga majaderias. Hemos quedado en que nuestros asuntos intimos no juegan. Ese hombre me estorba para salvar a mi padre. Entre los dos, la elecci6n no es dudosa. —Bien, en ese caso, déjeme maniobrar. Usted no se movera de aqui ni abrira esa puerta para nada. Cualquier imprudencia haria explotar el barril y cogernos dentro. —Y usted, que va a hacer? — Déjeme meditarlo. Esto me ha cogido de sorpresa y no estaba preparado para intentar nada aqui. Veré si consigo preparar una buena trampa y si no, tendremos que esperar a encontrarnos en Elko, donde todo lo tengo en orden. Lo sentiria, porque nos evitaria ese viaje y algunos peligros mas. Zenker enmudeci6 e hizo senas a Vera para que no hablase. En el pasillo habia captado fuerte rumor de pisadas y una voz inconfundible, la de Nino que decia algo. Apago el quinqué de un soplo y con el ojo pegado al vano de la cerradura, atisbo sin soltar el revolver. Poco después, cruzaban por delante de la puerta Texas, Nino y Kit. Nino decia algo respecto al cansancio y Zenker adivin6, que por lo menos aquella noche la pasarian en el hotel reponiendo fuerzas. Esto le daria margen a unas horas para planear alguna trampa en la que intentar cazar a tan escurridizo enemigo y se prometia no descuidar minuto para conseguirlo. El trio dio la vuelta al pasillo internandose tras el recodo que éste formaba. Luego, sintid ruido de puertas y después nada. Hizo un gesto de despedida a Vera que qued6 temblando de emoci6n y con el sombrero echado sobre los ojos, abandon6é furtivamente la estancia y bajé al bar, donde bebié6 un whisky para después salir a la calle. cConniclooolks C@©