Pulp Fiction, 1940 · page 14 of 87
Aventuras de Jim: Texas — La carrera de la muerte — page 14: what you’re looking at
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desearia mi muerte y mi ruina, pero yo no puedo ser como ella... Pienso que gracias a su intervencién hoy vives y... —Lo hizo por egoismo, Stella. —Pero lo hizo. Tienes que pensar algo, Jim. No quiero que nuestro anuncio de proxima boda se celebre con una muerte. Texas vacilaba. El amor hacia la joven le predisponia a ser benigno, pero conocia a Spack, conocia a Zenker y a Vera y el corazon le decia que cualquier acto de blandura podia serles fatal. Para no desalentar a la joven, contest6: —Bien, lo estudiaré. Mientras esté en nuestro poder, no es peligroso. Esta bien encerrado y bien vigilado, pero... Zenker esta suelto, Vera también y yo no puedo olvidarlos. —Fstaran desmoralizados. Solos, no creo que se atrevan a intentar nada, sobre todo si como dices, se ha roto la armonia entre mi prima y el secretario. Ahora mas que aliados seran enemigos acérrimos... Quién sabe si esto acabara de separarles. —Bien, Stella, te digo que lo estudiaré. Ahora no quiero saber nada de nuestros enemigos. Quiero que nada turbe el gozo que nos domina y que a costa de tantos sinsabores hemos conquistado. Ella zalamera se acerc6é a Jim, diciendo: —Es cierto, Jim, pero, sin esos malos ratos, ;shubiésemos llegado a esta feliz conclusi6n? El se ruborizé y termin6 por afirmar: —Creo que si, Stella. El amor puede ocultarse hasta cierto limite. Mas alla, explota como los barrenos cuando la mecha encendida se va corriendo hacia ellos. —Pero, <y las horas de felicidad que hubiésemos perdido en tanto que llegaba? Yo por mi parte sé decirte, que de no haberme impulsado aquel momento dramatico, creo que me hubiese faltado valor para decirtelo. —Eso me pasaba a mi, Stella... No podia concebir semejante suerte. —No digas ninerias. La suerte ha sido la mia. Todas las mujeres te han deseado y muchas merecerian tu amor. Pero solo una puede llevarselo. La que a ti te ha inspirado esta pasion. Jim ebrio de felicidad, dedic6 algunos dias a cantar su amor a la joven y tan ciego estaba, que parecia olvidar el peligro para vivir solamente aquella embriaguez de amor que podia serle funesta. Habia desdenado hacer una sola visita al millonario. Era Mendoza quien se preocupaba de él y de _ atormentarle amenazandole terriblemente cada vez que entraba en su prisi6n y por fin, decidid normalizar su vida preocupandose de realizar los COMIELOOKS C©