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Pulp Fiction, 1940 · page 69 of 102

Aventuras de Jim: Texas — page 69: what you’re looking at

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Aventuras de Jim: Texas — page 69: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

Sobre la marcha, el perro salt6 a la grupa del caballo y los jinetes siguieron senda adelante. Pero la noche se iba echando encima y después de una buena trotada, las sombras invadieron el terreno. Nino temeroso de despistarse volvi6 a lanzar al perro sobre las huellas y «Chacal», seguro de seguir la pista, continu6d por la senda guiando al grupo. El camino hasta Sherwood era largo y aunque galopaban bastante rapidos, no podian forzar el trote de los caballos para no reventar al perro, que aunque rapido, no lo era tanto como los caballos para aguantar una caminata tan larga. Asi, era mas de media noche cuando la senda desvidndose bruscamente hacia la derecha, volvio a salir al camino de la costa, a unas tres millas de Sherwood. Por fin, cerca de las dos de la manana, una gran cantidad de puntos luminosos que brillaban agrupados entre las azuladas tinieblas, les indic6é que estaban llegando al poblado. El perro, a medida que avanzaba, se mostraba mas nervioso y gsrunon, y Nino temiendo que de un momento a otro se encontrasen cerca de los fugitivos, le llam6 imperiosamente: —«Chacal»,... jmaldita sea Sonora! No te separes de mi, no sea que des la voz de alarma y nos jueguen alguna mala pasada o asi... El animal obedecié la orden y se pego al caballo del mejicano, grunendo y mostrando sus poderosos y terribles dientes. Poco antes de enfilar el sendero que conducia al poblado, Nino detuvo a sus companeros diciendo: —Cuidado... Por aqui creo yo que hay una cabana o asi que es donde dijo el patrén que iba... Avanzaron un poco y uno de los peones, senal6... —Alli, Nino... Aquello es una choza... y... — Por qué dudas?... —jSale gente de ella! El grupo se detuvo un momento mirando avidamente hacia el lugar senalado por el peon. En efecto, un grupo de cuatro personas acababa de abandonar la choza y se dirigia hacia los acantilados, a unas cincuenta yardas mas alla. Al dar la vuelta, Nino que poseia una excelente mirada, observé6 que dos de ellos portaban un bulto como si se tratase de un hombre a quien condujeran atado de pies y cConniclooolks C@©