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Pulp Fiction, 1940 · page 84 of 104

Aventuras de Jim Texas: La herencia trágica — page 84: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: La herencia trágica — page 84: Pulp Fiction, 1940

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

otra salida, vigilan tres hombres de confianza. —Si? Pues sepa que Texas ha estado en el pueblo, se ha apoderado de la estacién telegrafica, no sé para qué y daria media vida por saberlo, ha comprado comestibles en el almacén de Larry y ha desarmado a un ayudante del sheriff. Digame si esto se hace encerrado. —Bien, venga conmigo y se convencera de que no ha podido salir por los conductos conocidos. En efecto, cuando llegaron a la entrada del respiradero, los tres mineros permanecian de vigilancia y los tres juraron por todo lo jurable que nadie habia salido por alli, ni lo habia intentado. —Y sin embargo, ha salido—rugi6 Zenker—. Hay que penetrar adentro y comprobar si han huido todos, o qué sucede. Como el secretario se habia presentado en la mina apenas amanecio, la hora era propicia para verificar el registro, y Lansky reuni6O a todos sus hombres ante el agujero diciendo: —Preparar vuestras armas y lamparas. Vamos a entrar a ver qué sucede ahi dentro. Todos se prepararon bien de cartuchos, encendieron media docena de lamparas, y deslizandose por estrecho y dificil paso, alcanzaron el interior de la mina, avanzando con precaucion para verificar el registro. Ante el temor de servir de blanco, Zenker dio orden de apagar todas las lamparas menos una y distanciarse todo lo posible del que la portaba para evitar ser atacados por sorpresa. Y asi, en silencio, avanzaron por la rampa buscando la parte baja, pues el respiradero, muy bien disimulado, con unos taludes de tierra que lo ocultaban a la vista, se hallaba abierto a flor de la primera galeria. Por su parte Nino, desde que asumiera la responsabilidad de velar por Stella, parecia nervioso y preocupado. Habia perdido su flema habitual y no estaba quieto un momento, recorriendo la galeria de arriba abajo, como si presintiese un ataque imprevisto. Stella, dandose cuenta, pregunt6: — Qué le pasa, Nino? ;Cémo esta usted tan nervioso? —jRepinto!... gYo que sé por qué? La verdad es que estoy mas nervioso que el rabo de una lagartija o asi. Preferiria que manito Texas me hubiese dejado frente a todos esos pringaos, jmaldita sea cConniclooolks C@©