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Pulp Fiction, 1940 · page 81 of 104

Aventuras de Jim Texas: La herencia trágica — page 81: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: La herencia trágica — page 81: Pulp Fiction, 1940

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

improbos esfuerzos, logré introducir la cabeza y los hombros hasta asir el madero y sujetarse en él. Algo habia ganado, pero no todo. Necesitaba de todas sus fuerzas y habilidad para poder sostenerse sobre el exterior del agujero con las piernas al aire y soltar la cuerda, unica manera de empujar el tabl6n hacia adentro. Texas realizaba esfuerzos maravillosos para _ conseguirlo, mientras maldecia de Nino, que, descuidado, no habia permanecido atento a su segura llegada. Pero, atleta formidable, consiguid por un momento sostenerse casi vertical, con las piernas en el vacio, y de un desesperado empujon, lanzo6 el tablon adentro, dejando libre el estrecho hueco. Aferrandose con las unas a la tierra, que se desprendia a los aranazos, consiguid, por fin, cuando ya se consideraba agotado, escurrirse hacia adentro, sin temor a caer en el vacio, y en un ultimo esfuerzo, qued6é tumbado sobre el respiradero, resoplando como un cetaceo y con todos los mtsculos doloridos. Después de descansar un momento, se desliz6 por la rampa, empujando el morral por delante, y asi lleg6é a la salida, cansado y cubierto de sangre de los aranazos y raspazos sufridos. Se disponia a descender, cuando un sobresalto mortal le acometi6, arrancandole un rugido de furor. Acababa de captar apagadas detonaciones que procedian del interior, sin saber fijamente de dénde y sospechoé angustiado que los mineros habian conseguido penetrar en la mina y estaban atacando a Nino y a Stella. Rabioso, se descolg6 del agujero, extrajo sus pantalones y su chaqueta del morral, y empunando los revdélveres que habia substraido al telegrafista y al ayudante del sheriff, asi como las municiones que se apropiara por precaucion, echo a correr a ciegas por la galeria, orientandose por los ecos de las detonaciones. —jMaldita sea Sonora, como dice Nino! Como hayan causado algtin dano a la muchacha, juro por Dios que hundiré la mina y moriremos todos aplastados en ella. La falta de luz entorpecia su avance, pero iba ascendiendo guiado por los disparos, que ahora eran mas secos y rotundos. La lucha debia desarrollarse en la parte amplia donde la galeria se sostenia por medio del complicado tinglado de madera. Lo adivinaba por la distancia y por el gran eco que adquirian los cConniclooolks C@©