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Pulp Fiction, 1940 · page 80 of 104

Aventuras de Jim Texas: La herencia trágica — page 80: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: La herencia trágica — page 80: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

📄 Transcribed text from this page (OCR, searchable)

Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

Resignandose, busc6é una cueva junto al agua, y como poseia un hambre feroz, abri6 una lata de conserva y una botella y sacio el hambre, dispuesto a pernoctar alli hasta la salida del alba. Apenas amanecio, hizo un paquete con la ropa y las pistolas, los introdujo en el morral, se lo colg6 a la espalda y se zambull6 en la torrentera, nadando briosamente contra la corriente para alcanzar el lugar por donde habia descendido. Cuando dobl6 el recodo del cauce, ech6 una mirada ansiosa al talud y respiré con alegria. Pendiente del agujero hasta flotar en el agua, colgaba la gruesa cuerda de nudos que habia empleado para descender. Tras recios esfuerzos, logr6 asir el cabo, y para solicitar la ayuda de Nino, silb6 de un modo peculiar muy conocido del mejicano, pero aunque repitio la llamada, no obtuvo contestaci6n. éSe habria dormido Nino? No se encontraria préximo al respiradero? ijHabria sucedido algo en su ausencia? Todas estas preguntas se las hizo inquieto, y tras un momento de duda, decidid valerse de sus propios medios para volver a penetrar en la mina. La cosa no era facil, pues al alcanzar el agujero le estorbaria el atravesado tabl6n, y mientras tuviese que hacer contrapeso en la cuerda, no podia empujarlo hacia adentro. Pero como no podia esperar, pues se exponia a ser descubierto por sus perseguidores, dio comienzo a la dura ascension. Los nudos le facilitaban la tarea, pues sus fuertes piernas se cenian a la cuerda y sus pies encontraban un ligero apoyo en los nudos, asi como las manos, y lentamente fue ganando altura. Pero al alcanzar el extremo sobresaliente de la cuerda, se encontr6é con un grave problema. El tablon le cerraba el paso y el motrral formaba un bulto enorme para pasar con él, en el caso de poder eliminar aquel obstaculo. Furioso volvid a descender, y ya en el agua, colg6 el morral sobre uno de sus brazos y volvio a subir. Cuando lleg6é a la boca, extendi6 el brazo y pudo introducir las vituallas y la ropa, pero seguia sin resolver la entrada, debido al tablon. Volvi6 a silbar con fuerza y escuch6, pero Nino no dio senales de vida. Desesperado, forceje6 para alzarse sobre el reborde, y tras cConniclooolks C@©