Pulp Fiction, 1940 · page 66 of 104
Aventuras de Jim Texas: La herencia trágica — page 66: what you’re looking at
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Pero a Texas no se le ocurria nada para burlar la vigilancia de aquellos rufianes. Aunque parecian no dar senales de vida, debian estar atentos a cualquier intento de ataque o fuga, y temia, sobre todo, por la vida de Stella. Se paso un buen rato y Texas, que se habia aventurado a asomar la cabeza tumbandose sobre la rampa, retrocedid vivamente, ahogando una maldici6n. — Qué sucede, manito? —pregunt6 Nino, intrigado. —jHan fabricado un barreno y le han aplicado la mecha para hacer volar la galeria! —jRepinto! rugi6 el mejicano— jEso no puede ser! Hizo intencién de salir a apagar la mecha pero Texas le detuvo diciendo: —jNo hagas disparates!... Estaran atentos a ella, y en cuanto te arrimes te freiran a tiros. —Pero... —Escucha. El barreno les tiene que haber obligado a retirarse para no sufrir las consecuencias. Vamos a aprovechar el momento para huir hacia abajo. No creo que la explosi6n sea tan grande que alcance a mucha distancia. —Pero nos dejaran enterrados. —No creo. Pasada la explosi6n, intentaran averiguar si nos ha alcanzado. Voy a salir para llevarme a Stella hacia las galerias bajas. Estate atento, y, si no me descubren, sigueme pasado un par de minutos. Se desliz6 pegado a la pared, alcanzando el socavén donde Stella, palida y azorada, se consumia al encontrarse sola y sin la presencia de Jim. Este la tom6 por un brazo y quedamente murmuro: —De prisa. Vamos para abajo. Deje ahi la lampara y no haga ruido alguno. Tenemos que alcanzar el primer recodo para considerarnos a salvo. La muchacha, aterrada, pues adivinaba que algin nuevo y terrible peligro les estaba amenazando, obedecié, y del brazo de Jim se desliz6 rampa abajo, muy pegada a la pared para hurtar el cuerpo a cualquier inopinada agresion. Por fin doblaron un recodo. Texas, que conservaba la otra lampara, avanz6 atin mas, y cuando consider6é que no podian ser cConniclooolks C@©