Pulp Fiction, 1940 · page 63 of 104
Aventuras de Jim Texas: La herencia trágica — page 63: what you’re looking at
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—Nada. Que la hora de la comida ha transcurrido, y ya es tiempo de empezar la faena. —Bueno, amigo; dediquese a tomar el sol o asi, que le van a pagar lo mismo. Aqui sdélo se hace lo que manda el patroncito Texas, gestamos? Lansky se encogi6 de hombros y se volvid de espaldas a Nino, pero con rapidez extrajo el revélver que llevaba oculto en el pecho y, girando con premura, trat6 de disparar cogiendo por sorpresa al mejicano, pero éste, que no perdia un solo movimiento de aquella gente, fue mas rapido que él. Cuando el capataz se volvia con el revélver empunado buscando el blanco, vibr6é una detonacion y el proyectil le alcanz6 en el brazo derecho, obligandole a soltar el arma, al tiempo que emitia un grunido de dolor. Pero como si aquel tiro fuese una senal, los mineros se irguieron de sus asientos y mas de dos docenas de revélveres salieron a relucir, dirigiéndose contra el mejicano. Pero ya Nino, que habia calculado lo que iba a suceder, de un salto habia ganado el interior de la bocamina y los proyectiles se clavaron inutilmente en el lugar donde segundos antes se hallaba sentado. Mendoza, rabioso, se tumbo en tierra, barriendo la entrada al agujero con constantes disparos, mientras grunia: —jManada de coyotes o asi, maldita sea Sonora!... jCuando yo decia que esta carrona merecia que le machacasen la “insincrasia” a tiros, no andaba descaminado!... jSapos indecentes, que el infierno os trague! Me voy a hacer un regtelto de higados negros creo yo con vuestros entresijos, que me voy a estar chupando los dedos hasta que me lleguen al codo... jMaldita sea Jalisco! Pero, a pesar de su preocupacion en maldecir, no perdia de vista la boca de la mina y disparaba rabioso cuando se bocetaba sobre el vano alguna sombra proyectada por el sol, evitando asi que irrumpiesen en el estrecho ttinel y pudiesen acribillarle a balazos. Pero aquella tactica defensiva no servia para eliminar a sus enemigos. Los disparos se cruzaban inttilmente, y todo lo que podia conseguir con aquello era retrasar el asalto hasta que Texas, al oir los disparos, acudiese en su ayuda. Pero los mineros, colocandose en el borde de la_ boca, cConniclooolks C@©