Pulp Fiction, 1940 · page 60 of 104
Aventuras de Jim Texas: La herencia trágica — page 60: what you’re looking at
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muy pina. En algunos sitios la pared aparecia con socavones transversales. Se observaba que se habia pretendido abrir galerias siguiendo la veta de cuarzo, pero se habia abandonado la perforacion al observar que se diluia a poco de ahondar en la pared. Alcanzaron el primer rellano: un ancho espacio no mal apuntalado que recibia una carga de tierra fantastica. Alli habian cuidado el entibado para evitar un pleno derrumbamiento. Alcanzaron la galeria segunda. Texas no hacia mas que levantar la lampara y tenerla quieta en el vacio, y Stella, intrigada, pregunto: — i Qué hace usted? —Busco el respiradero. Me han asegurado que hay uno pequeno, pero la lampara no oscila. Seria muy interesante localizarle. —(Por qué? —Porque en cualquier caso de peligro podria facilitar la salida, aun teniendo que agrandarle. Herramientas para hacerlo no faltan. Luego siguieron por un lugar donde la galeria era altisima y poseia un andamiaje de madera muy complicado. Alli debid producirse algtin desprendimiento de tierra desde el techo, y para evitarlo hubo necesidad de levanta un alto tinglado de madera que permitiese contener la tierra a una buena altura. Lo atestiguaban las escaleras de mano apoyadas en el maderamen, las cuales permitian ascender al entramado para repasar los tablones. Examinaba Texas aquella obra maestra de la arquitectura minera, cuando se envardé, quedando rigido y con el oido atento. Levemente mir6 a Stella, observando que ésta habia sentido la misma reaccion. —Ha oido usted? —pregunto Stella, alarmada. —Si. Me han parecido dos disparos. Oiga... ¢Oye? Lejos, himedos y sordos, llegaban los rumores de estampidos de armas, y Texas, presintiendo que los mineros hubiesen atacado en masa a Nino, echo a correr por la galeria, diciendo: —Espere, voy a ver qué sucede. No estoy tranquilo, pues, aunque Nino es un bravo, son muchos los enemigos. Ella no le hizo caso, y, usando de toda su energia, le siguid, haciendo temblar la lampara en sus manos al correr. A medida que subian, las detonaciones aumentaban de volumen, y a Texas ya no le cupo duda de que Nino habia sido atacado y se cConniclooolks C@©